Vlad Drácula: vida y mito

Vlad Drácula también conocido como Vlad Tepes o Vlad III es un monarca que desde su vida (1431-1476) años que datan entre el final de la Edad Media e inicios de la Edad Moderna (1453 caída de Constantinopla y 1492 descubrimiento de América) hasta nuestros días ha sido objeto de diversas interpretaciones, dando lugar a la creación de diversos mitos y leyendas que con el paso del tiempo han ido engrandeciendo la figura de este personaje, pasando de ser el rey de Valaquia a ser el Príncipe de las Tinieblas, ya que Bram Stoker basó su obra Drácula en el personaje de Vlad Drácula. Este artículo se ocupa de la evolución de esta figura durante la Edad Moderna hasta la llegada a Bram Stoker, escritor que se basó en nuestro personaje para la creación de la obra literaria de Drácula (1897), novela que dio forma al mito del vampiro que tanto se ha difundido tras su éxito y que en la actualidad ha dado lugar a una gran saga tanto de libros como de películas de ciencia ficción sobre vampiros.

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Biografía

Vlad Draculea nació en Sighisoara (cerca de Valaquia, Transilvania, Rumanía) el año 1431 y muerto cerca de Bucarest (capital de Rumanía) el año 1476.

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Nacido en 1431 en Sighisoara, cerca de Valaquia (Transilvania, Rumanía) durante el exilio de su padre Vlad II Dracul. Vlad Tepes fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad Dracul, príncipe de Valaquia y miembro de la Orden del Dragón. Esta orden, en la cual ingresó Vlad Dracul por concesión de Segismundo de Luxemburgo en el año 1431, tenía como emblema una serpiente alada, símbolo del diablo en la cultura folclórica rumana, y en sus filas se encontraba un numeroso ejército de fieros guerreros.

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Vlad Tepes vivió una infancia traumática, hecho que sin duda resultó determinante a la hora de conformar su sádica personalidad. Entre 1436 y 1444, pasó su infancia en Tirgoviste, capital de Valaquia, ya que su padre recuperó el trono.

De 1444 a 1448, él y su hermano pequeño Radu II el Bello, permanecieron como rehenes entregados por su propio padre a los turcos en Edirne (Adrianópolis) como símbolo de apoyo al sultán Murad II. Durante su cautiverio, el joven Vlad fue adiestrado en las artes de la guerra y se familiarizó con la cultura y la lengua turca, pero en octubre de 1448, tras el asesinato de su padre que había muerto apaleado y de su hermano Mircea, al cual le habían quemado los ojos con un hierro candente antes de enterrarlo aún con vida. Ambos sucesos fueron ordenados por el conde Juan Hunyandi, antiguo aliado de Vlad II, y apoyados por los boyardos, que eran la aristocracia local, a los cuales Vlad tuvo desde entonces odio eterno. Vlad con el apoyo de los turcos retornó a Valaquia, donde fue coronado  como nuevo rey bajo el nombre de Vlad III.

Este primer reinado no durará mucho, ya que, ese mismo año tuvo que abandonar el poder, pues se produjo la rebelión de los boyardos, encabezados por Juan Hunyadi, regente de Hungría, esto obligó a Vlad a exiliarse en noviembre de 1848, primero a Moldavia y más tarde a Hungría.

Este suceso no freno sus ansias de recuperar el trono, más bien lo ascendió, puesto que reunió a su propio ejército y finalmente en el año 1456 vio cumplido su sueño al recuperar la corona de su ansiada Valaquia, tras matar a Vladislav II.

Durante su segundo reinado en Valaquia que data entre 1456 y 1462, empieza a forjarse su imagen negativa y la leyenda sobre el sadismo de Vlad Dracula a quien empiezan a denominar como Vlad Tepes, a quien se le atribuyen más de cien mil muertes durante este periodo. Esta imagen negativa proviene de su entorno en las poblaciones sajonas y húngaras, con quienes mantendrá una política de tensa hostilidad y enfrentamientos, al igual que con los turcos.

En 1462, lanza una ofensiva contra el territorio fronterizo turco, que causó veintitrés mil muertos, a la que Mehmet II responde en junio con una campaña, en la que el sultán está a punto de perecer, y en la que los otomanos lograron acabar con los recursos del rey de Valaquia, entronizaron al hermano de Vlad, Radu II el Bello como rey de Velaquia y lo obligaron al exilio en Hungria. Una vez allí, pidió asilo al rey húngaro, Matías Corvino, quien, lejos de atender sus peticiones, lo traslado a Pest y lo mantendrá encarcelado y retenido durante doce años, alegando falsas acusaciones.

En julio de 1475, el rey de Hungría lo libera y pone a disposición de Vlad un ejército a fin de recuperar para su reino el territorio de Valaquia. Un año más tarde, en noviembre de 1476, Vlad Tepes volvía a hacerse con la corona de Valaquia tras la victoria en la batalla de Vaslui, en la que contó con el apoyo de las tropas de su primo, el principe Esteban Bathory de Moldavia, con un ejército formado por transilvanos, boyardos valacos y moldavos.

Tras esta batalla, su primo Esteban volvió a Transilvania dejando a Vlad en una posición muy débil frente a los enemigos turcos. Por ello, a las pocas semanas de su triunfo, en la Navidad de 1476, el rey de Valaquia, Vlad III fue asesinado en una emboscada realizada por los turcos, que lo asesinaron y exhibieron su cabeza en una estaca en Estambul.

Mitos y leyendas de su figura durante la Edad Moderna

Como ya he mencionado anteriormente, Vlad Dracula fue el personaje en el que el escritor irlandés Bram Stoker se inspiró para crear el personaje del vampiro en el Conde Drácula, con lo cual observamos que la imagen que ha dado lugar durante su vida y que nos ha llegado a la actualidad sobre él es una imagen negativa, perversa, de sádico, de diabólico y de no tener compasión hacia el enemigo.

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Esto por lo que se observa ya viene de herencia anterior a él, ya que su padre se gana por méritos propios el apodo de “Dracul” (El Diablo) por su afamada crueldad y sangre fría y que posteriormente heredaría su predecesor. Predecesor que ha pasado a la historia por su apodo Drácula (proviene de “Draculea”). La terminación “ulea” en rumano quiere decir “hijo de”, lo que podría traducirse como “El hijo del Diablo”.

En los documentos de la época se le describe como un tirano sanguinario, alejado de la fe cristiana, que goza con la muerte indiscriminada y que siente predilección por empalar a sus víctimas, lo que le valdrá posteriormente, a mediados del siglo XVI, el apelativo de ‘Empalador’ que en rumano significa Tepes, de ahí su denominación más conocida como la de Vlad Tepes (Vlad el Empalador) y que llevará a convertirlo en el famoso Drácula.

Su comportamiento diabólico y sin compasión se entiende ya desde muy pequeño, pues a muy temprana edad, trece años, fue enviado junto a su hermano, por su propio padre para ser rehén del sultán turco y luchar en su ejército de ese modo aprendió muy tempranamente disciplina militar y no pudo gozar de una infancia placentera.

Lo cierto es que un delegado papal en la corte húngara lo describió así:
No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto
espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas
pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra.

Esta descripción nos describe a un personaje frío, que provoca miedo y espanto, nos describen la imagen de un sádico que no siente compasión ante nadie y concuerda con los mitos y leyendas que se cuentan en torno a su figura.

En la actualidad, observamos como esa imagen ha ido cambiando y que tanto en las películas como en los libros actuales se representa a Dracula como un personaje más varonil y sobre todo romántico, algo que no concuerda con su descripción en los documentos de la época.

Como ya he mencionado anteriormente, el apodo de Tepes nos indica su predilección a la hora de ejecutar a sus enemigos, puesto que tenía predilección por la técnica empalamiento. Esta técnica de tortura y ejecución terrorífica consistía en introducir a la victima sobre una estaca de punta afilada de aproximadamente 3,50 m de longitud atravesarlo por el ombligo o el corazón, levantarlo y dejarlo morir, esta muerte sería relativamente rápida y estaría destinada para los más afortunados.

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Es destacable la leyenda que cuenta que un buen día un comerciante extranjero pidió auxilio a Vlad porque unos ladrones le habían robado un saco con monedas de oro, Vlad le dijo a ese comerciante que se marchara y regresara mañana, al día siguiente este comerciante entro al salón principal donde allí se encontraba Vlad en su trono rodeado de los ladrones, sus mujeres e hijos empalados a su alrededor y le dio la bolsa de monedas al comerciante y le pregunto si estaba todo el oro, a lo que el comerciante con voz temblorosa respondió que le sobraba una moneda, Vlad le dijo que su honradez le había salvado ya que había una de más, si hubiera dicho que estaba todo hubiera acabado empalado al igual que sus ladrones.

La población se quejaba de los continuos robos que sufrían por parte de ladrones y asaltantes en sus territorios, además de los pobres, que según Vlad no aportaban nada al país. Para erradicar esto, cuenta la leyenda que organizó un festín en una casa de las afueras de la ciudad, en la cual se invitó a pobres, ladrones, tullidos, leprosos y enfermos. Cuando ya todos estaban bien servidos de comida y borrachos de vino, Vlad se presentó con su guardia en la casa y preguntó a todos los allí reunidos si querían una vida sin privaciones ni preocupaciones y que todos los días se dieran festines como aquél, a lo que los mendigos y demás personas respondieron que sí y que había sido el mejor día de sus vidas. Vlad mandó a sus soldados que cerraran todas las puertas de la casa y prendieran fuego sobre ella. Nadie quedó con vida. Eliminó la pobreza acabando con los pobres. Esto se fue repitiendo con todos los mendigos en cada comarca de su principado.

Nunca sabremos si esto es verdad o mentira, pero lo que sí es cierto es que este comportamiento convertirá a su país en un lugar más seguro sin ladrones, llegó a tal nivel de seguridad que según la leyenda en las fuentes y plazas de los pueblos se mandaban colocar una copa de oro para beber de ella, ya que nadie sería capaz de robarlas, pues en caso de hacerlo sería sometido ante la justicia de Vlad.

Hay un mito sobre las caravanas de comerciantes alemanes que en su ruta no pararon por su amada Valaquia a comerciar con Vlad. Éste, al enterarse de la falta de respeto hacia él y su pueblo, mandó asesinar a los comerciantes exceptuando a dos, pero a estos dos no les perdono, sino que a uno de ellos le sacó los ojos y al otro le cortó la lengua y los hizo volver con las cabezas de los comerciantes a su lugar de partida.

Además, según cuenta la tradición rumana dos monjes fueron a reunirse con Vlad a su castillo. Cuando entraron observaron los cuerpos empalados al rededor de la corte y Vlad les preguntó que qué les parecían los empalamientos, uno de ellos respondió que hacía muy bien en hacerlos pues era una misión divina castigar el crimen, mientras que el otro lo condenó. Uno de los monjes fue empalado y el otro fue recompensado. Según las versiones tradicionales rumana y rusa, premió al honesto y empaló al que lo alabó.

También es conocido su afán por beberse la sangre de sus enemigos y comer rodeado de empalados, un visitante que comió junto a él tuvo que taparse la nariz al no poder respirar con la olor a putrefacción que había en la sala, Vlad se lo tomo como una falta de respeto y lo mando empalar en lo más alto del salón ya que allí podría respirar mejor.

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Supuestamente, entre 40.000 y 100.000 personas murieron de esta manera, o a través de otros métodos de tortura, a manos de los hombres de Vlad, durante los años que duraron sus sucesivos reinados, siendo su segundo reinado (1456-1462) el que lo culminó con su imagen negativa: enemigos, traidores, delincuentes de todo tipo e incluso algún mendigo. Vlad odiaba, más que cualquier cosa, los robos, las mentiras, el adulterio, y no perdonaba a nadie por su rango, es más cuanto mayor era el rango del traidor, más duro era el castigo.

De este mismo modo, Vlad consiguió acabar con los enemigos interiores como eran los boyardos (aristocracia local) quienes asesinaron a su padre y a su hermano. Estos durante su segundo reinado entraron como invitados a un festín el día de Pascua de 1459 en Tirgoviste, donde les pidió ir vestidos con sus mejores galas. Cuando terminaron de cenar, Vlad mandó empalar a los más viejos que fueron atados, colocados boca abajo y empalados con estacas romas que penetraban más lentamente en su cuerpo para que el suplicio durara más. Vlad los dejaba pudriéndose durante meses. Se dice incluso que un ejército turco que pretendía invadir Valaquia se volvió atrás, aterrado, cuando encontró a varios miles de empalados descomponiéndose en lo alto de sus estacas, a ambas orillas del Danubio.

Mientras que a los boyardos más jóvenes los obligó a ir desde Tirgoviste hasta lo alto del monte Poenari. Los boyardos fueron a pie y muchos perecieron en el largo camino, pero los que llegaron aún con vida fueron obligados allí a trabajar como mano de obra esclava y a construir el castillo de Vlad, de este modo sus preciosas ropas de galas quedaron convertidas en harapos, mientras eran obligados a construir el castillo e iban muriendo de cansancio, enfermedad o de hambre a lo largo de los meses de trabajo. Este castillo es el conocido como Fortaleza de Poenari y este es el verdadero castillo de Vlad.

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Verdadero castillo de Vlad en Poenari

Esta fortaleza estaba localizada en un punto estratégico excelente en lo alto del monte Poenari y desde el que podía visualizar Velaquia y la llegada de cualquier enemigo. En la actualidad, cuando se habla del Castillo de Drácula muchos piensan erroneamente en el Castillo de Bran como lugar de la antigua residencia de Vlad, esto se debe a que Ceacescu, antiguo presidente de Rumanía, sabía que tras la obra de Bram Stoker sobre Drácula una oportunidad así no la podía dejar de escapar, pues el castillo real de Vlad Tepes estaba en ruinas y andaba lejos de las principales atracciones turísticas, por lo que decidió buscar en otras localizaciones como Brasov, capital turística del esquí en Rumania, allí se encontraban varios castillos y fortalezas, entre los que destacaba el Castillo de Bran, lugar del que hizo publicidad para atraer turismo.

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Castillo de Bran (falso castillo de Vlad)

Además de todo esto, Vlad logro atrapar al más peligroso de sus adversarios, Dan Voeivod en la primavera de 1460, al que obligo a cavar su propia tumba y asistir a su funeral antes de hacerlo decapitar.

Tras acabar con los enemigos interiores, Vlad se dispuso a acabar con los enemigos exteriores. De este modo, decidió alzarse contra los turcos. Este alzamiento contra los turcos empezó en 1459, cuando el papa Pio II convocó a una nueva cruzada contra los turcos, en el congreso de Mantua. Pero solo Vlad y Matías Corvino, rey de Hungría respondieron afirmativamente a la petición del papa. En 1460, el sultán Mehmet atacó la fortaleza de Smederevo, en Serbia, cerca de la frontera con Valaquia lugar donde residía un gran amigo de Vlad, y allí despellejo y luego descuartizo a uno de los mejores amigos de Vlad, Miguel Szilahyi.

A partir de ese instante, Vlad decidió que Valaquia debía dejar de pagar el tributo al sultán turco y dejar de servir como intermediario entre turcos y húngaros. Este tributo anual que Valaquia debía pagar a los otomanos consistía en 10.000 ducados y 200 niños cristianos, para ser formados como jenízaros. Cabe recordar que él mismo junto a su hermano fueron mandados por su padre desde muy pequeños como parte de este tributo. Cuando Mehmet II se percato de que Vlad no iba a pagar, envió a varios representantes de su corte a Tirgoviste, para pedir explicaciones a Vlad por su retraso en el pago del tributo. Estos iban ataviados con sus ropas tradicionales, entre ellas el turbante. Al presentarse ante él, Vlad les preguntó por qué no le mostraban respeto descubriéndose la cabeza, y los turcos respondieron que no era costumbre en su país. Vlad ante tal ofensa respondió a las exigencias de los enviados turcos clavándoles el turbante a sus cabezas.

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A finales de 1461, Vlad comenzó con su plan para liberar Valaquia del yugo turco. Empezó por atacar las fortalezas otomanas del Danubio. Aunque en algunas de ellas no le hizo falta usar la fuerza, como en la fortaleza de Giurgiu, lugar al que entró disfrazado de turco, y hablando el turco a la perfeccion, allí engaño a los defensores de la fortaleza para que le abrieran la puerta. Una vez logrado su objetivo y tras lograr la victoria en esa fortaleza hizo pagar a los defensores por su error ejecutandolos de diversas formas y quemado la ciudad hasta los cimientos.

Desde Giurgiu, Dracula se dirigió Danubio abajo hacia el mar negro, con su infantería viajando en barcazas y la caballería protegiendo ambas orillas del rio. Quemando pueblos y ciudades, saqueando todo el alimento que encontraba y empalando a todo turco que veía, Dracula empezó a recibir la ayuda de búlgaros, serbíos y griegos en su ruta hacia el mar negro.

Cada ciudad que conquistaba, Vlad enviaba una carta a Corvino informándole detalladamente del número exacto de enemigos que había eliminado: 6.414 en Giurgiu, 1.350 en Eni Sala, 6.840 en Durostor, 1.138 en Nicopolis, etc. Segun decía, en total había terminado con la vida de 23.884 turcos, incluyendo aquellos que habían sido quemados vivos en sus propias casas. Y como prueba, envió a Corvino dos grandes sacos llenos de orejas y narices de turcos, además de varias cabezas, incluyendo la de los enviados turcos, con el turbante aun clavado.

Sin embargo, el ejército turco lanzó una ofensiva contra Vlad en la que por su mayor número de contingentes acabarón invadiendo Valaquia, colocó a Radu II el Bello, hermano de Vlad como monarca de Valaquia y obligaron a Vlad a huir a Hungría.

Vlad huyó a Hungría para pedir protección y apoyo del rey, pero el rey lo encarceló hasta el verano de 1475. Durante sus doce años de encierro pedía a los guardias que le trajeran palos y pájaros para aplacar su sadismo empalando a ratones y pajarillos.

Tras su liberación y victoria en Vaslui llego su tercer reinado, reinado corto debido a su pronto asesinato. Este asesinato también esta lleno de mitos y leyendas populares que se crearon tras su muerte y durante la Edad Moderna en cuanto a lo que allí sucedió, ya que existen por lo menos tres versiones relacionadas a su muerte:

Existe una versión que asegura que murió durante la batalla por infieles boyardos que lo traicionaron, esto no es de extrañar viendo el odio que los boyardos guardaban hacía Vlad, persona que mando ejecutar a muchos de ellos en las peores circunstancias y a los que no ejecutaba les guardaba mucho tiempo de sufrimiento y cansancio construyendo su fortaleza.

Otra versión, señala que murió por sus propios guardaespaldas que lo traicionaron. Esta versión tampoco es de extrañar debido a que Vlad luchó y descargó toda su brutalidad tanto contra cristianos como contra musulmanes. Defendiendo lo que le convenía en cada momento, tanto musulmanes como cristianos lo tenían por maldito, quedándose él en una posición media, obligando a musulmanes de su país a luchar contra los musulmanes turcos y a los católicos a matar ortodoxos.

La tercera versión, y a la vez la más difundida, es la que señala que durante la batalla que se produjo durante la emboscada, antes de ser capturado por los otomanos, logró escapar de sus enemigos y para evitar que lo atraparan se colocó el atuendo de un soldado otomano caído para pasar desapercibido entre las filas enemigas y huyó dirección a sus hombres, estos al verlo lo confundieron con el enemigo y el resultado fue una muerte al instante por sus propios soldados, decapitándolo y dejando su cuerpo en el campo.

El único detalle del que se tiene certeza es que los turcos desollaron la cabeza cercenando su cara y su cabellera del cráneo y fueron llevados como trofeo a Constantinopla, donde el sultán ordenó que se colocara en una estaca para no dejar lugar a dudas con relación a la muerte de Vlad Dracula.

En cuanto a su cuerpo, nunca se ha sabido que sucedió con sus restos, pero se piensa que fueron depositados finalmente en el monasterio de Snagov. Durante una campaña arquelógica entre el año 1932-1933 encontraron en el interior de una cripta de la iglesia del monasterio de Snagov el cuerpo intacto y una tela de seda ocultaba la cabeza. Al retirar la tela de seda se pudo observar como la piel del rostro y el cabello habían sido arrancados y vieron como el cuerpo en cuestión de minutos se desintegraba, con lo cual era imposible aclarar de quién era el cadáver.

Sin embargo, según los observadores del momento y teniendo en cuenta la información sobre su muerte y observando la costumbre turca de arrancar la piel de la cara y el cabello se ha concluido que, muy probablemente, se trataba del cadáver del legendario y temido Vlad III, príncipe de Valaquia.

También, hay gente que dice que la tumba que tenía su nombre estaba vacía y en su interior solo habían restos de animales, esta explicación se sustenta en que los monjes griegos que se hicieron tiempo después con el monasterio, no quisieron que un personaje tan despiadado estuviera enterrado en el lugar más sagrado del monasterio, así que sacaron sus restos y los enterraron en otra tumba junto a la entrada. Esa tumba se derrumbó por efecto de una riada y los restos de Vlad se perdieron en el lago.

Estos mitos sobre su persona se fueron creando tras su muerte y fueron creciendo durante la Edad Moderna, hasta la llegada en 1897 de Bram Stoker, fecha en la publica su célebre novela Drácula, en la que el protagonista, identificable con el príncipe Vlad III, es un vampiro que alcanzará enorme notoriedad. Ahora bien, del histórico Vlad III apenas queda rastro, salvo la pertenencia al linaje valaco al que se alude mediante la onomástica al emplear el patronímico (Dracula) o la alusión a su campaña contra los turcos y su predilección a ejecutar a sus enemigos mediante el empalamiento.

Pese a la imagen negativa y cruel que se fue creando sobre Vlad el Empalador durante la Edad Moderna, en Rumanía fue venerado como paladín de la cristiandad contra la invasión musulmana, pese a que siempre se le representa con la estrella de ocho puntas, nunca con una cruz. En la actualidad Vlad Tepes es considerado un héroe nacional en Rumanía.

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Estatua de Vlad Tepes

Un saludo, Señor República.

Las encamisadas, la osada estrategia de los tercios españoles.

En la temprana modernidad Europea, fueron diversas las innumerables innovaciones que se dieron en el ámbito militar desde el belicoso siglo XVI, hasta bien alcanzado ya el siglo XVIII; tácticas, técnicas, innovaciones, armamentos, formaciones,… todas y cada una de las parcelas del mundo militar se vieron transformadas a lo largo de este periodo, aunque no así todas han sido bien estudiadas y conocidas, así como tampoco nos es conocida su relevancia en el transcurso histórico.

Este silencio documental con respecto a la historia militar nos trae toda una serie de elementos que han sido poco conocidos o estudiados, relevando su papel a un simple complemento de los procesos históricos, que en ocasiones se entienden por constantes e inalterados o inevitables al propio transcurso de las sociedades.

Escuadrón español. Desembarco islas Terceras, también llamadas Azores

Pintura donde aparecen representados los tercios en formación. 

No siendo esto así, cabe destacar la importancia, por ejemplo desde el campo de la historia militar del surgimiento, o renacimiento, de la estrategia y la  táctica militar a lo largo del siglo XVI. Una de estas estrategias, probablemente una de las más desconocidas a pesar de su eficacia practica en combate, son las encamisadas.

Entendemos desde la historia militar, la encamisada como la incursión nocturna que realizaban los Tercios Españoles, en contra de las tropas, víveres, armas, suministros, y campamentos enemigos.

Esta táctica militar, es un ataque por sorpresa que solía darse durante la noche o cerca del amanecer, cuando se entiende que el enemigo se encuentra descansando o dormido.

Su nombre se debe a que los soldados que formaban parte de las encamisadas, solo vestían una camisa blanca, sin llevar consigo las pesadas y ruidosas armaduras, acompañándose de una espada y una daga, aunque también podía llevar consigo mosquetes o arcabuces para ser usados en una posible huida.

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Dibujo de un soldado de los tercios, con el equipo (daga-espada) que solían portar en las encamisadas. 

Hay quien defiende que la camisa se disponía sobre la ropa, para que los encamisados pudieran identificarse los unos con los otros.

Un reducido número de efectivos, era los encargados de realizar sabotajes y robos en los campamentos y posiciones enemigas, degollar al mayor número posible de enemigos, y sólo al retirarse, incendiar los edificios, las tiendas y los elementos de asedio y artillería que estuvieran en poder del enemigo.

“… aprovechando la ocuridad de la noche, los soldados de los tercios, se adentraban con sigilo en el campamento enemigo; degollando, robando y quemando,  a hombres y enseres que encontrasen a su paso.”

Una de las encaminadas más destacadas fue realizada por Cristóbal de Mondragón y sus hombres, para levantar el sitio de la plaza de Targoes en 1577, donde fueron 3.000 los hombres que atacaron al enemigo haciendo uso de la oscuridad de la noche.

A pesar de lo desconocido de  esta acción para el público en general, y para gran parte de los aficionados y estudiosos de la historia, el cine y la televisión nos han permitido conocer cómo se realizaban este tipo de tácticas, en la primera escena de la película Alatriste (2006), adaptación de uno de los libros de Arturo Pérez-Reverte, se ve como el protagonista, acompañado de un grupo de soldados, ambientado en Flandes en 1622, asalta en la oscuridad un campamento enemigo para inutilizar su artillería.

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Escena de la pelicula Alatriste (2006), protagonizada por Viggo Mortensen. 

También, salvando las distancias, en el mundo fantástico creado por G.R.R.M. en su saga Canción de Hielo y Fuego más conocida por la serie de HBO, Juego de tronos, podemos ver como en el capítulo 5×7-El Regalo el campamento de Stannis Baratheon es atacado por unos soldados de la casa Bolton encabezados por Ramsay Bolton, dejándoles sin los elementos suficientes para atacar la ciudad de invernalia, una estrategia, para la que con toda seguridad su  autor se inspiró en algunas de las más osadas técnicas usadas por la legendaria infantería española.

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Ramsay Bolton, interpretado por Iwan Rheon, en una escena de la famosa serie de HBO.

Don Tiranía.

Los casacas rojas británicos, la gran infantería inglesa en el s.XIX.

Las tropas británicas que lucharon contra los ejércitos napoleónicos en la península Ibérica en 1808-1814, y en Waterloo en 1815, procedían en su mayoría de los estratos sociales más bajos. Pese a la célebre frase del duque de Wellington (“Tenemos a la escoria de la Tierra como tropa común”) la infantería británica demostró estar formada por combatientes duros y decididos, ya se tratara de asaltar la brecha de una fortaleza o de pasar la prueba de la potencia de fuego y el frío acero franceses en campo abierto.

La gran mayoría de los hombres que militaron en las filas del ejército británico durante las guerras napoleónicas fueron voluntarios, alistados de por vida (por 25 años, en la práctica) o bien por periodos más breves, permitidos en tiempos de guerra. Wellington describía los motivos de sus soldados para alistarse en los términos más despectivos: “Algunos de nuestros hombres se alistan por haber engendrado bastardos, otros por faltas menores, y muchos más por borrachos”. Algunos escogían el ejército para escapar de la cárcel o de dificultades personales. Los que tenían juicios pendientes por delitos menores como la caza furtiva podían evitarlos alistándose, y también los deudores refugiarse de sus acreedores. La pobreza llevó a muchos a las armas, en especial irlandeses hambrientos tentados por las perspectivas de comidas regulares.

                                                  -Arthur Wellesley, Duque de Wellington. 

Durante las guerras napoleónicas, el ejército creció tan deprisa (obligando a crear batallones nuevos) que se produjo una gran escasez de reclutas y hubo que ofrecer considerables incentivos para atraerlos, llegando en 1805 a las 12 guineas (una guinea equivalía a 21 chelines). Cuando ni así se completaron los grupos, se recurrió a reclutar a un gran número de soldados de la milicia, en un proceso que se aproximaba mucho a la leva forzosa sin renunciar al principio de voluntariedad. La milicia era una fuerza civil de defensa nacional compuesta por hombres elegidos por sorteo y para los cuales la transferencia al ejército era muy deseable, pues en la primera se sufrían todos los inconvenientes de la vida militar sin nada de la aventura que prometían en el segundo. Por dichos medios, Gran Bretaña logró reunir para 1813 un ejército de unos 300.000 hombres, frente a los 50.000 de los tiempos de paz. El prolongado periodo de guerra generó también una gran demanda de oficiales, que salieron en su mayoría de la pequeña aristocracia y la burguesía: los hijos de clérigos suponían el 10% del total de oficiales. Aunque fuesen personas de alguna relevancia social, los oficiales no eran necesariamente gente adinerada, pero quien carecía de fortuna y de contactos tenía pocas probabilidades de hacer una carrera brillante. El ascenso se solía conseguir por combinación de compra, patrocinio o antigüedad. La carrera típica de un oficial podía empezar por la compra paterna de un puesto de alférez, el de menor rango entre la oficialidad, por unas 500 libras. A medida que se iban creando vacantes en el regimiento, podía ir comprando nuevos ascensos. La antigüedad por sí sola prevalecía de forma ocasional, ofreciendo una vía lenta de ascenso para los oficiales sin medios de fortuna. Éstos podían progresar más rápidamente por medio de actos extraordinarios de valor, o de amigos influyentes y bien situados en el lugar preciso. No era frecuente que salieran oficiales de la tropa, pero se daba el caso: uno de cada veinte oficiales había sido antes suboficial.

Se contaba con que los oficiales mostraran su valor en el combate, y con que la experiencia adquirida en la lucha contra los franceses, un número creciente de ellos adquirió competencia para ejercer el mando. Como en la mayoría de los ejércitos, algunos oficiales eran respetados y admirados por los hombres por sus órdenes, y otros, despreciados por ignorantes e ineptos. En cualquier caso, los oficiales dependían de manera crucial de la habilidad de sus sargentos y brigadas, a menudo los miembros más experimentados y profesionales de cada compañía. El brigada solía comenzar como soldado raso y ascendía por méritos, y su capacidad militar debía completarse con la de saber leer y escribir y con dotes administrativas, dada la carga de papeleo incluida entre sus deberes.

En el ejército británico de las guerras napoleónicas, la instrucción rigurosa y los castigos draconianos se seguían considerando la clave de una infantería eficaz, como lo habían sido a lo largo del s.XVIII. El empleo del impreciso mosquete de chispa, el Brown Bess, como arma principal de la infantería hacía imprescindible el fuego coordinado disciplinado, y no había lugar para la iniciativa individual del soldado raso. Los conceptos imperantes en una sociedad decididamente desigual dictaban el trato dispensado a los hombres. Se daba por supuesto que, a falta de castigos corporales, la tropa procedente del pueblo no tardaría en degenerar y convertirse en una turba desorganizada y cobarde. Los azotes eran la respuesta habitual a la desobediencia a la autoridad o faltas como embriaguez, a la que los soldados eran desde luego muy dados. El sistema pretendía crear soldados que obedecieran las órdenes sin rechistar, maniobraban de modo coherente en combate y usaran mosquetes causando el mínimo daño a sus camaradas y a ellos mismos, y el máximo al enemigo.

Sin embargo, a la altura de 1800 la vieja escuela contaba ya con críticos importantes, y se introdujeron reforma. En la infantería ligera (light bobs) y los regimientos de fusileros, la iniciativa individual no se reprimía  del todo, y hubo tímidos esfuerzos por motivar a los hombres con el respeto mutuo en lugar del temor al castigo. De todos modos, para la mayoría de los soldados existían razones más que complejas para querer hacer un buen papel, entre ellas la presión de sus iguales y la lealtad a los amigos y camaradas presente en todos los grupos de combatientes, la defensa de sus colores o la lealtad a su rey y patria eran los motivos simbólicos que incentivaban la lealtad entre los soldados.

El ejército dirigido por Wellington que intervino en la guerra de la Independencia española era una entidad compleja y, en algunos aspectos, poco manejable. Se trataba de una fuerza multinacional que incluía no sólo escoceses e irlandeses, sino también numerosas tropas del fuera del Reino Unido, por ejemplo, la Legión Alemana del Rey. Los regimientos de infantería combatían junto a la caballería y la artillería, pero no estaban integrados en ellas. Dentro de la infantería había tropas de distinto tipo, cada una con uniforme y modos de combatir propios.

Las marchas y contramarchas por Portugal y España en las complejas campañas que se sucedían año tras año eran una verdadera prueba de resistencia, sobre todo con el calor estival. El soldado raso cargaba con unos 25 Kg, y se esperaba de él que marchara unos 25 Km al día. En ocasiones se marchaba durante 30 días consecutivos desde el amanecer hasta la puesta de sol. Hasta 1813 no se emplearon tiendas de campaña, y los soldados construían sus refugios con lo que podían, o dormían al raso. A lo largo de la guerra en España, los británicos registraron una tasa de mortalidad terrible a causa de las fiebres y el agotamiento.

El temple de los casacas rojas quedaron claramente de relieve en la guerra de asedio que fue tan importante en las campañas en España. Las plazas de Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián fueron tomadas por asalto tras largos preparativos. En opinión de un teniente, ningún deber del soldado era “tan mortificante y desagradable como un asedio”. Tras el asedio los soldados buscaban la manera de poder asaltar la plaza, la brecha era el modo de invadir la fortificación, las reglas de la guerra dictaban que si una población fortificada se negaba a rendirse una vez abierta la brecha, los atacantes tenían derecho a saquearla: las tropas de Wellington lo ejercieron sin piedad en Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián, donde los civiles fueron víctimas de asesinatos, violaciones y robos como revancha por las penalidades de la campaña.

Al enfrentarse a los franceses en campo abierto, la infantería británica distaba de comportarse como la horda de borrachos que saqueo Badajoz. Su rasgo más destacado era la firmeza, cualidad especialmente admirada por quienes conocían por experiencia el horror de las batallas de la época. Sin protección, mantenía la formación frente al fuego de cañones y mosquetes, y a bayonetas, lanzas y sables. Las najas eran inevitablemente elevadas. Al resistir el ataque francés en La Albuera en 1811, muerieron o cayeron heridos unos dos tercios de los soldados de infantería. Uno de ellos escribió con orgullo que “los hombres caían como bolos, pero no dieron ni un paso atrás”. Durante las campañas en la península Ibérica, Wellington comenzó por explotar la capacidad de sus tropas para mantenerse en posiciones defensivas, en particular al ocupar las líneas de Torres Vedras, cerca de Lisboa, en 1810-1811. Más adelante, su ejército, junto con sus aliados portugueses y españoles, mostró un carácter ofensivo, sobre todo en la batalla de Arapiles (Salamanca), en 1812. En este célebre encuentro, la infantería británica avanzó en columnas y se desplegó en línea para atacar a unas fuerzas francesas escasas de hombres a causa de la campaña rusa. La caballería británica se distinguió por una vez por su valor y agresividad. La derrota del ejército francés resultó abrumadora, con 7.000 bajas e igual número de prisioneros.

Pese a la sangría de hombres y recursos que supusieron aquellas campañas para Francia, la península Ibérica no pasó de ser un escenario secundario. El choque con Napoleón en Waterloo en 1815 puso a prueba al límite la capacidad de los casacas rojas y resultó ser su momento de gloria.

-Batalla de Waterloo, 18 de junio de 1815 (Bélgica).

Saludos de Mr. Democracia.

Stefan III cel Mare, príncipe de Moldavia.

Esteban III de Moldavia (1433-1504) fue conocido como “Esteban el Grande” (Stefan cel Mare) o “Esteban el Santo”, fue príncipe de Moldavia entre 1457 hasta su muerte en 1504, fue el miembro más destacado de la Casa Real Musat. Recibió apoyo militar de Vlad III de Valaquia en su lucha frente a los otomanos.

Esteban o Stefan, como se le llamaba en Moldavia, transformó su principado en un estado poderoso que mantuvo su independencia a pesar de las ambiciones de los grandes estados que le rodeaban como eran Hungría, Polonio o el Imperio Otomano que querían someter el territorio moldavo. Durante su reinado se dieron continuas guerras debido a que su territorio se situaba en una zona de conflicto fronterizo, pero eso no pudo evitar el florecimiento culturar y económico de Moldavia bajo su reinado.

Una de las características de su reinado fueron la lucha frente al poderoso Imperio Otomano, Esteban además de ser un gran jefe militar demostró  que también era un gran diplomático sensato y refinado, de las 36 batallas libradas contra los turcos venció en 34, en la batalla de Vaslui venció de manera definitiva las ambiciones de los otomanos en su territorio, tras esta gran victoria el Papa Sixto IV le nombró “campeón de la fe cristiana”.

La religiosidad del príncipe moldavo quedaba evidente en la construcción de innumerables iglesias y monasterios por todo su territorio tras sus victorias frente a los otomanos, también aseguro la autonomía de la comunidad monástica con el pago de la deuda del Monte Athos a los otomanos.

Otro de sus grandes enemigos fue el rey de Hungría, Matías Corvino, que intento invadir el territorio de Moldavia pero Esteban consiguió vencerlos en 1467, posteriormente decidió la invasión de Valaquia que estaba dominada por los otomanos en 1471. Tras la victoria contra los turcos pudo frenar sus ansias expansivas por estos territorios.

En 1484 Esteban III tuvo que hacer frente no sólo a los ataques otomanos sino también a los polacos y húngaros, teniendo que firmar en el año 1486 el tratado con el sultán Beyazid II, asegurando el autogobierno de Moldavia pero a cambio de un tributo anual convirtiéndose así el principado en un vasallo del Imperio Otomano durante más de 300 años.

A pesar de la gran cantidad de enfrentamientos con todos los territorios fronterizos y el sometimiento al Imperio Otomano, el reinado de Esteban III , como ya hemos dicho antes, estuvo marcado por un gran desarrollo de la cultura que estaba ligada a la construcción de monasterios e iglesias que hoy en día son patrimonio de la humanidad. Esteban fue considerado por muchos cristianos como santo y fue canonizado poco después de su muerte por la Iglesia Ortodoxa Rumana. Esteban murió en 1504 en Suceava siendo enterrado en el monasterio de Putna, que fue construido bajo sus órdenes.

El legado que nos deja este personaje es enorme siendo admirado por la comunidad rumana, como ejemplo citar una campaña televisiva rumana denominada “Grandes Rumanos” en el que el pueblo voto a Esteban III como “El más grande rumano” de la historia. Nicolae Iorga , historiador rumano, nos habla del carácter de este personaje diciéndonos que fue una gran referencia para el pueblo rumano teniendo como características la honestidad, la paciencia, la valentía, el equilibrio  y siendo amante de lo bello, sin soberbia alguna. Nos muestra un claro ejemplo del buen gobierno que ejerció siendo una referencia para su pueblo a día de hoy. La figura que nos deja Esteban III forma parte de la literatura popular y de la cultura rumana.

Saludos de Mr. Democracia.

El Gran Memorial del Conde-Duque de Olivares.

Fue un informe confidencial cuya autoría se atribuye al valido de Felipe IV, Don Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar , más conocido como el Conde-Duque de Olivares, en el cual se relataba la situación por la cual atravesaba la monarquía hispánica, y exponía los remedios para superarla.

En él, se proponía unificar todas las leyes e instituciones de los territorios de la monarquía compuesta para que la autoridad del rey,  saliera reforzada, al alcanzar en ellos el mismo poder que tenía en la corona de castilla.

El rey Felipe IV a caballo, pintado por Velázquez (Museo del Prado).

El rey Felipe IV a caballo, pintado por Velázquez (Museo del Prado).

El Conde-Duque de Olivares a caballo, pintado por Velázquez (Museo del Prado).

El Conde-Duque de Olivares a caballo, pintado por Velázquez (Museo del Prado).

 

 

 

 

 

 

 

La conocida afirmación “si vuestra majestad lo alcanzase seria el príncipe más poderoso del mundo” se ha atribuido tradicionalmente al Conde-Duque.

Históricamente, lo único similar al gran memorial, fue la llamado Unión de Armas (1626) dos años después de la supuesta redacción de este documento, la cual constituyo un total fracaso en la política interna del valido, provocando la crisis de 1640; con las revueltas de  Cataluña ( la llamada “guerra dels segadors”), Portugal (alcanzado la independencia en 1668) y Andalucía.

A pesar de los numerosos estudios, y la importancia dada al mismo dentro de la historiografía, debemos analizar dicho documento con cautela, ya que su hallazgo fue muy tardío, siendo conocido a través de un libro de Cánovas, presidente del gobierno durante la restauración, sobre la monarquía de  Felipe IV, además existen diversas versiones del documento, no hay un número claro de copias exactas, y su versión más antigua es de 1700, muy posterior a la fecha que se le atribuye.

Obra de A. Cánovas del Castillo, "Estudios del reinado de Felipe IV", donde se hace referencia por primera vez a dicho documento.

Obra de A. Cánovas del Castillo, “Estudios del reinado de Felipe IV”, donde se hace referencia por primera vez a dicho documento.

Podemos numerar dos claros antecedentes que podrían dar lugar a la autenticidad de dicho memorial. La primera, sería la propia situación político-económica de la monarquía a comienzos del siglo XVII (depresión económica, guerra de los 30 años, guerra de los 80 años,…), por otra parte, asistimos a un tiempo de cambios, donde los gobernantes de las monarquías compuestas comienzan a alcanzar una mayor cohesión y uniformidad, traduciéndose en un mayor poder interno, con la finalidad de movilizar el máximo número de recursos y aumentando los ingresos de las haciendas reales para hacer frente un nuevo modelo de hacer la guerra, mucho más costosa que la tradicional.

En este ámbito, el memorial, suponía una transformación total que teóricamente permitiría solucionar los problemas de la monarquía hispánica.

Según las interpretaciones del hispanista británico John H. Elliott, el memorial,  se ha interpretado equívocamente, ya que desde la historiografía castellana se ha enfocado desde la imposición y dominación castellana, sobre el resto de territorios de la monarquía, por lo que Elliott subraya que no coincide con los conocidos conflictos de Olivares con la nobleza castellana, en defensa de portugueses y catalanes.

Al mismo tiempo, en el memorial, aparece la propuesta de Olivares de que el monarca se mueva por los territorios de la monarquía, principalmente los peninsulares, para salvar la ausencia real, y también, acabar con el monopolio castellano en cargos y puestos de la monarquía, permitiendo la entrada de catalanes y portugueses en los asuntos de Estado.

Don Tiranía.

Los últimos días del emperador Carlos V.

Durante el año 1555 el que fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de los territorios hispánicos decide retirarse al monasterio de San Jerónimo en los Cuacos de Yuste en Extremadura, no sin antes abdicar de todos sus deberes como emperador y como sumo monarca de la herencia hispánica.

Las abdicaciones imperiales tuvieron lugar en Bruselas entre los años 1555 y 1556 dejando en manos de su hermano Fernando, que ya era Archiduque, la dirección del Sacro Imperio, aunque los electores imperiales no aceptaron la renuncia hasta el año 1558. Durante este período tuvieron lugar las abdicaciones en favor de su hijo Felipe dejándole los territorios hispánicos y las Indias, convirtiéndose así en el monarca Felipe II.

-Abdicación en Bruselas (1555-1556) dejando el Sacro Imperio en manos de su hermano Fernando I.

Tras las abdicaciones de todos los territorios de los que era gobernante Carlos decidió poner rumbo a España por diversos motivos, uno de ellos era la enfermedad de la gota que lo tenía muy débil  haciendo que pareciera mucho más mayor de la edad que tenía, en España se encontraba el mejor clima para poder aliviar los males que le provocaba la gota. Su camino de regreso a España lo inició en Flandes por barco hasta Laredo, tardó un mes y tres semanas en llegar a Jarandilla de la Vera en Extremadura lugar donde se hospedó en el Castillo del Conde de Oropesa, allí residió desde el 11 de noviembre de 1556 hasta el 3 de febrero de 1557, estaba a la espera de la finalización de las obras de la casa palacio que había mandado construir al lado del Monasterio de Yuste. En este palacio inició su retiro acompañado de la orden de los Jerónimos con la que se sentía identificado, estos lo ayudaron espiritualmente.

En este retiro espiritual quiso buscar un alejamiento de la política de estado pero no fue así, pues en muchas ocasiones estuvo recibiendo a innumerables personalidades de la política, además de que estuvo compartiendo correspondencia con su hijo Felipe II intentando guiarle y aconsejarle en tareas de gobierno. Su majestad cesárea estuvo continuamente oyendo misas y buscando la paz que otorgaba la convivencia en el monasterio. Esta comunidad jerónima estaba compuesta por 38 miembros que estuvieron al cuidado del que fue el hombre más poderoso de su tiempo y que en ese momento presentaba un aspecto bastante demacrado, enfermo, cansado y completamente desdentado dando una imagen de un anciano de más de setenta años de edad.

Entre las diversas personalidades que acompañaron la presencia del monarca encontramos a Francisco de Borja, tercer general de la Compañía de Jesús. Las personas que se hicieron cargo de Carlos ampliaron el número de personal en el monasterio a cincuenta teniendo que vivir en residencias cercanas al monasterio. Durante la presencia del emperador en Yuste llegaron grandes cantidades de comida de muchos rincones del imperio, además de cerveza, para hacer más llevadera la presencia de semejante residente.

Otra de las personalidades que estuvieron ante la presencia del monarca fue un joven de doce años de edad llamado Jeromín (Jerónimo), que lo visito en varias ocasiones, este joven era un gran amante de la literatura bélica y paso tiempo en presencia de Carlos que lo recibía muy a menudo. Tras la muerte del emperador el joven se le fue revelada su auténtica identidad como hijo bastardo de Carlos, pasando a llamarse Juan de Austria siendo reconocido por Carlos y en el futuro dirigiría las tropas de su hermanastro Felipe II en grandes batallas como fueron las de Lepanto o en las revueltas de las Alpujarras.

-Encuentro entre el emperador y Jeromín, futuro Juan de Austria.

El 21 de septiembre de 1558 falleció Carlos I de España y V de Alemania debido a la picadura de un mosquito que le trasmitió la malaria que en poco tiempo acabo con la vida del que fue uno de los personajes más ilustres de nuestra historia y de la historia moderna europea. Sus restos fueron enterrados en la iglesia del monasterio hasta que en el año 1573 tras la construcción del Monasterio de El Escorial por Felipe II se trasladaron el cuerpo del emperador y el de su hermana la infanta Leonor de Austria, de esta tarea se hizo cargo el quinto conde de Oropesa. El ataúd del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y sumo monarca de la herencia hispánica descansa en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial más conocida como el Panteón de los Reyes, donde en la actualidad reposa junto a él todos los monarcas de la conocida como casa de los Austrias y los reyes de la familia Borbón.

-Panteón de los Reyes en el Monasterio de El Escorial donde descansan los restos del emperador Carlos V.

Saludos de Mr. Democracia.

Versalles, el gran palacio del rey Sol.

El nombre de Versalles aparece por primera vez en un documento medieval que data del 1038 d. C. Versalles se convirtió en  la capital no oficial del reino de Francia a partir de mayo de 1682, cuando el rey Luis XIV trasladó la corte y el gobierno permanentemente a Versalles, hasta septiembre de 1715, con la muerte de Luis XIV y regencia, de Felipe de Orléans quien decidió a París, y luego otra vez a partir de junio de 1722,  Luis XV volvió a Versalles permanentemente, hasta octubre de 1789, cuando la gente de París forzó a Luis XVI volver a la capital.

Durante este periodo París siguió como la capital oficial de Francia, y el palacio real oficial fue el Palacio del Louvre, pero los asuntos prácticos del gobierno fueron conducidos desde Versalles y Versalles fue considerada como la verdadera capital.

Será  para el rey Luis XIII un palacete de caza y después se convertirá en el palacio del rey sol, Luis XIV gracias a las remodelaciones desde los años 1661- 1708. Permanecerá activo hasta el derrocamiento de la monarquía en el año 1789 con la Revolución Francesa.

Durante el año 1661 hasta el 1668 será el palacete de caza de Luis XIII al que se le añadió con posterioridad las dos alas laterales que, al cerrarse, conformación la plaza de armas o patio de mármol. Son fachadas de ladrillo y unifica la cubierta usando también la pizarra y las mansardas.

La no terminación de las obras del Louvre se debió a que Luis XIV decidió trasladar su residencia a Versalles. Para apoyar tal decisión se pueden señalar varias razones que estarían en la mente del monarca. En primer lugar, desearía vivir fuera de París, temeroso de la posibilidad de una multitud embravecida por los motines como la recordaba desde su infancia en los días de las Frondas; junto a ello, el palacio del Louvre era incómodo y pequeño para una corte tan numerosa como la que deseaba tener con   él.

Luis XIV

“Luis XIV cambió a la nobleza las armas por la etiqueta”

 

Además, pretendía que esa nobleza estuviera aislada del pueblo trabajador de París para no exasperarlo ante la holganza y constante vida de diversión a la que el propio rey la entregaba a fin de tenerla entretenida y sometida, evitando así la posibilidad de que también ella se levantara como ocurrió durante la Fronda de los Príncipes; es lo que Mourois expresó de forma elocuente diciendo que “Luis XIV cambió a la nobleza las armas por la etiqueta”. Por ello Versalles se presentaba como el lugar ideal, pues, situado a 21 km al suroeste de París, quedaba lo suficientemente cerca como para hacer pensar que el rey residía en la capital y al mismo tiempo, estaba alejado ante posibles desmanes.

Además Versalles se convertiría en un instrumento del poder real, una autentica jaula de oro en la cual aglutinar a toda la nobleza francesa y así poder constituirse como el mayor ejemplo de monarca absoluto de la edad moderna, ya que el rey mantenía allí viviendo a toda la alta nobleza francesa y asi este pudo imponer sus derechos en los dominios de los nobles “hospedados” en su palacio.

Pero aquel palacio no tuvo su origen en la persona de Luis XIV, sino que fue su padre Luis XIII quien le había dado nacimiento al encargar a Philibert le Roy la construcción de un palacete para que le sirviera de refugio de caza en una zona cinegéticamente muy rica donde podía desarrollar ésta que era su gran afición.

Pero aquel edificio en nada presagiaba lo que llegaría a ser, pues era una sencilla edificación dispuesta sobre una planta en U, con los pabellones de las esquinas resaltados, y con el lado oriental cerrado por una sencilla arquería, rodeaba el conjunto un foso y había un incipiente jardín. Esta construcción resultaba incómoda; pues la distribución interior era en enfilade, en la que se disponía una sucesión de habitaciones a lo largo de las alas, lo que propiciaba las fuertes corrientes de aire que hacía que los acompañantes del rey acudieran al lugar a regañadientes y por obligación. Sin embargo, a pesar de los inconvenientes, Luis XIV se encariñó con el lugar, decidiendo transformarlo a lo largo de tres etapas ligadas a hechos históricos y a personajes femeninos trascendentales en su vida.

El primero de estos períodos se situaría entre los años 1661 y 1668 y estuvo determinado por ese encariñamiento del rey. Esta atracción estuvo relacionada por los amores con la primera amante oficial, Louise de la Vallière, con la que acudía al palacete de Versalles convertido entonces en refugio de sus amores. Había ocurrido que Luis XIV y su cuñada Enriqueta de Inglaterra se habían sentido atraídos mutuamente; para evitar el escándalo y el problema diplomático que podía surgir con la Corona inglesa, ambos enamorados trataron de disimular, aparentando que a quien pretendía el rey era a Louise de la Vallière, dama de compañía de Enriqueta de Inglaterra. Pero lo que fue una ficción acabó convirtiéndose en realidad, y Luis XIV se enamoró de ella, sintiendo desde entonces una predilección especial por aquel lugar al que ambos se dirigían en sus paseos a caballo. Decidió, pues, convertir el palacete en un lugar de recreo para lo que encargó a Louis Le Vau una serie de reformas de pequeña entidad que acondicionaran el edificio para hacerlo más cómodo.

Se debía conservar toda la obra anterior, haciéndose añadidos decorativos en el patio, y solamente como obra constructiva nueva se edificaron dos alas prolongando las del patio, destinadas una a cocinas y otra a cuadras. Pero éstas se hicieron independientes de la construcción anterior, ya que quedaron separadas por el foso que no se rellenó, cerrándose el nuevo ante – patio con una verja azul y dos pequeños cuerpos de guardia. Pero, al hacer este añadido, quedó un alto escalón entre el nuevo patio y el terreno situado ante él. La solución para el acceso al palacio se logró mediante una plataforma circular e inclinada en la que se dispusieron tres caminos de entrada, uno directamente por el diámetro, para coches y peatones, y otros dos bordeando el círculo, exclusivamente para peatones. A los lados de esta plataforma se levantaron seis pequeños pabellones de planta cuadrada construidos con piedra y ladrillo destinados a servir de alojamiento a invitados y artistas.

Tras esta etapa, Luis XIV decidió convertir el palacio en residencia de la Corte, con lo que se entra en la segunda etapa de la construcción de Versalles que se extiende entre los años 1668 y 1678. La ocasión para tal determinación se le presentó con la celebración de las fiestas por la firma del Tratado de Aquisgrán (1668) que sellaba la paz tras la Guerra de la Devolución (1667-1668), y por el que Francia se anexionaba importantes plazas del Flandes español.

Fue también durante el transcurso de estas fiestas el momento en que se hizo oficial el cambio de favorita por parte de Luis XIV. Louise de la Vallière, ya no entretenía al rey, y para intentarlo nuevamente recurrió a una amiga, Françoise Athénais Rochechouart, esposa del marqués de Montespán, mujer prepotente, sumamente ambiciosa y que, aprovechando la ocasión, pasó al primer plano en los favores del rey a quien dominó durante los años de este segundo período, haciéndose por otra parte odiosa a los ojos de toda la Corte, debido a su carácter. Consciente el rey, especialmente a causa de la fiesta, de la incapacidad del palacio para alojar a los miembros de la Corte y de servir de residencia permanente para su persona, tomó la determinación de ampliarlo pese a la oposición de Colbert, su ministro de finanzas, que opinaba que el rey debía vivir en la capital del reino. Se optó entonces entre dos soluciones; por un lado, estaba la que pretendía Colbert, tendente a conservar lo existente y envolver estas partes con la obra nueva, lo que sería menos costoso y tal vez menos bello, por lo que el rey podría revocar su decisión de vivir en Versalles; por otro lado, Luis XIV era partidario de derribar lo antiguo y hacer un nuevo palacio, aunque su opinión fue cambiante.

Palacio y Jardines de Versalles.

Palacio y Jardines de Versalles.

Finalmente, se escogió la solución de la envoltura encomendándose los trabajos a Louis Le Vau. Pero cuando ya se llevaba hecha parte de la obra, Luis XIV cambia de idea y estima que se ha de hacer una nueva construcción; se da paso a ésta y de nuevo vuelve a detenerse porque el rey decide ahora volver a la envoltura. Reanudada entonces la envoltura, se llevaron los trabajos tan rápidamente que se finalizaron en seis meses, lo que tal vez evitó un nuevo cambio de opinión. Así, el antiguo palacio quedó como núcleo del nuevo edificio, conservándose casi como una reliquia. Por otra parte, aunque no llegaran a realizarse, hoy día resultan muy interesantes las soluciones que a las distintas intenciones proponía Le Vau y que estaban en la línea de sus actuaciones en otros palacios. Pero, en 1670, al poco de comenzada la obra definitiva, falleció Le Vau, por lo que se hizo cargo de los trabajos su primer ayudante François d’Orbay, quien, como ha estudiado Albert Laprade, aunque siguió los planos de su predecesor, introdujo novedades, especialmente en la parte ornamental, que terminaron por enriquecer la obra y en definitiva dieron unidad al conjunto. La fachada al Parque quedó resuelta con una gran originalidad. Distribuida en veinticinco crujías, presentaba un aspecto italianizante que ya en el cuerpo bajo venía determinado por el empleo de sillares en almohadillado. Sumamente curioso resultó el primer piso, pues las once crujías centrales quedaron retranqueadas formando una terraza destinada a contemplar los jardines y observar las puestas de sol, aunque en realidad era el sustituto de los salones ovalados de los anteriores palacios de Le Vau con lo cual se daba un paso trascendental en la evolución de la fusión del edificio en los jardines, pues aquí el salón se ha disuelto en la naturaleza quedando al aire libre. Por encima, y conservando el retranqueo de la terraza, se dispuso un ático con balaustrada rematada con trofeos y jarrones que ocultaban unos tejados bajos, lo que acrecentaba la semejanza con modelos italianos.

En aquel Versalles se celebró en 1679 la firma de otra paz, la de Nimega, que ponía fin a la Guerra de Holanda (1678-1679), con la que Francia obtenía el Franco Condado y algunas plazas en los Países Bajos. Y nuevamente es la celebración de un tratado de paz el que señala un cambio para el palacio de Versalles, pues es en este momento cuando Luis XIV decide que pase a ser la sede del Gobierno, con lo que allí se concentraría toda la vida política y representativa de la nación, firmándose finalmente el decreto del traslado de la Corte y el Gobierno el día 6 de mayo de 1682. Además, por estas fechas se producía un nuevo cambio en la vida sentimental del rey, pues la marquesa de Montespán fue cayendo paulatinamente en desgracia, ya que, a la par que se apagaron sus encantos físicos, arreciaron las amonestaciones de Bossuet al rey por su vida licenciosa. Pero la caída terminó por consolidarse cuando, para evitar lo que ya parecía irremediable, la Montespán entró en contacto con cierta mujer llamada Voisin que le proporcionó filtros amorosos para administrar al rey y volverlo favorable; sin embargo, al poco, ésta fue acusada de envenenadora y la marquesa se vio salpicada por el asunto, con lo que definitivamente se apagó su estrella después de haber dominado la voluntad de toda Francia y de haber dado ocho hijos al rey.

El Palacio de Versalles representará el momento culminante de la arquitectura palaciega en Europa, tanto por sus dimensiones como la magnificencia de su estructura, escenificando de manera excepcional el poder del rey absoluto.

Luis XIV se encariñó con el lugar y decidió transformarlo dado que necesitava una  ampliación de Versalles, motivada por el problema de dónde alojar a las más de 20.000 personas que formaban la Corte y el Gobierno de Francia.

Construyó dos inmensas alas que empalmó perpendicularmente con las alas laterales del patio, una hacia el norte y otra hacia el sur, retranqueadas y puestas en línea con el acceso al patio, ya que si lo hubieran estado con la fachada del parque hubiera resultado un frente de casi 500 metros. Deseaba remodelar la fachada que daba al parque para disponer un salón central pero la negativa del rey le llevará a realizar en esta zona la Galería de los Espejos, salón más representativo del palacio versallesco.

La fachada del Jardín del Estanque pertenece al arquitecto Louis de Vau, realizada durante los años 1668- 1669 de modo simétrica, con salientes para aportar ritmo y 250 ventanas que aportan ligereza al conjunto. Se distinguen entre tres pisos siguiendo el modelo italiano articulados mediante pilastras y columnas jónicas.

Las estancias de Versalles.

André le Nôtre será el diseñador de los jardines. Los jardines franceses del siglo S. XVII pasaron a  ser el complemento esencial de todo palacio y en Francia el prototipo del siglo XVII lo da el de Versalles, que, como en tantos otros aspectos, también tuvo su ensayo en Vaux-le-Vicomte. Sin embargo, ya antes Claude Mollet y su hijo André dieron las pautas de lo que sería el jardín francés al adoptar el principio de que se había de mejorar el aspecto de la naturaleza con la ayuda del arte.Pero quien llevó a la práctica este principio y determinó mejor que nadie lo que es el jardín francés fue André Le Nótre, que, discípulo de Mollet y de Simon Vouet, comenzó su actividad hacia 1649 en el Jardín de las Tullerías.

Fuente del palacio de Versalles

Fuente del palacio de Versalles

Posteriormente, trazó los de Vaux-le-Vicomte y Versalles, a los que dio una estructura cargada de gran simbolismo, en la que, a través de varios escalones, se va pasando progresivamente desde la naturaleza dominada por la mano del hombre hasta la que vive libremente. Y en este sentido bueno es recordar lo dicho sobre la evolución de los palacios hacia una integración en los jardines, y cómo a través de ellos se pasaba del mundo artificial al natural, por lo que ahí se daban ya los primeros pasos en el escalonamiento hacia la plena naturaleza. Si se analizan los jardines de Versalles tomados como prototipo, el primer escalón lo proporcionan los Parterres, donde la Naturaleza se mostraba absolutamente dominada por la mano del hombre, que la obligaba a constreñirse a unos lugares y a unas alturas determinadas. Buscando además efectos estéticos, y hasta cierto punto escenográficos, situó justo al pie de la Galería de los Espejos dos estanques donde se reflejaba el palacio.      

Desde este lugar organizó una gran avenida, el Tapis Vert, que conducía hasta el Gran Canal y que estaba delimitada por dos grandes fuentes, la de Latona y la de Apolo, que tenían una fuerte carga de simbolismo. La primera representaba la historia de Latona, que, habiendo dado a luz a Apolo y a Diana de sus amores con Júpiter, hubo de escapar de la ira de la esposa de éste, la diosa Hera. En la huida llegaron a un estanque donde se dispusieron a beber agua para saciar la sed, pero allí un grupo de campesinos se entretuvo en arrojar piedras al agua para enturbiarla y molestarles. Sin embargo, no se hizo esperar el castigo de Júpiter, que velaba por su amante y sus hijos y convirtió a aquellos canallas en ranas. La lección estaba clara a los ojos de los buenos entendedores, pues Luis XIV señalaba a través de este ejemplo a todos los miembros de la Corte que paseaban por los jardines, que él tampoco dudaría en castigar a los que trataran de hacer daño a la marquesa de Montespán y a los hijos naturales habidos con ella.

La fuente de Apolo hacía referencia directa a Luis XIV, pues mostraba al dios en el momento de salir del océano conduciendo su carro solar para iluminar la tierra. Luis XIV era el Rey Sol que iluminaría a Francia e incluso a toda Europa con su gloria en la política, en las armas y en la cultura. A los lados de esta vía se desarrollaba el segundo escalón del jardín en el que se formaban diversos bosquecillos perfectamente urbanizados, pero donde los árboles crecían con mayor libertad. Entre ellos se dispusieron pequeños estanques, estatuas aisladas y sencillas arquitecturas, de las que merecía una especial mención la Columnata, formada por una arquería circular en cuyo centro se situó la estatua del Rapto de Proserpina esculpida por Girardon. En el siguiente escalón era el agua la que ejercía el papel más destacado gracias a un gran estanque en forma de cruz, del cual el brazo dispuesto en el eje del jardín era el Grand Canal y el transversal, el Petit Canal. Por ellos navegaba apaciblemente Luis XIV en las góndolas que le había regalado el Dux de Venecia. A los lados había bosques en los que los árboles crecían en plena libertad, aunque con caminos que señalaban una última intervención de la mano humana, pues más allá del Gran Canal estaba el bosque libre como último escalón, aunque ya propiamente fuera del Parque. Todo este conjunto llevó muchos años de trabajos en los que hubo que hacer obras de enorme magnitud como desecar pantanos, arrasar colinas, rellenar depresiones y muy especialmente llevar el agua que las plantas y las fuentes requerían en grandes proporciones.

Una de ellas fue la Ménagerie o pequeño zoo, pieza que no solía faltar en ningún palacio real que se preciara, y que en este caso se construyó en 1633 no durando más de treinta años. Situado cerca del camino hacia Saint Cyr, constaba de un edificio octogonal que estaba formado por dos pisos, de los cuales el superior servía de observatorio de los animales que se guardaban en recintos alrededor del edificio. Por su parte, el piso inferior estaba decorado a modo de cueva artificial, en donde para lograr un aspecto más real existía la posibilidad de regar todo el conjunto mediante unas salidas de agua, que, según las tradiciones de Versalles, en ocasiones en que la estancia estaba llena de visitantes, el propio Luis XIV abría las llaves para divertirse regando con un agua helada a los allí congregados. Sin duda una de las maravillas del Parque fue la Gruta de Tetis construida entre 1664 y 1676 y que se destruyó en 1684.

Esta pieza estaba situada en el extremo del Parterre du Nord, frente al lado septentrional del palacio, y para ella se aprovechó el espacio situado bajo un depósito de agua. El lugar se cerró, y la fachada principal se compuso como si se tratara de un ninfeo, mostrando tres vanos en forma de arco de medio punto y una decoración alusiva al dios Apolo. Por su parte, el interior estaba estructurado por medio de dos pilares que formaban seis crujías, dando una especie de edificio de dos tramos y tres naves, de las cuales la central se cubría con bóvedas de crucería y las laterales, con cúpulas. Pero lo más fantástico del lugar era la decoración del interior, donde se trataba de imitar la gruta submarina a la que se retiraba durante la noche Apolo para descansar del trabajo del día conduciendo el carro solar. Para ello se contó con el precedente inmediato de la Ménagerie, aunque se hizo de una forma más sofisticada, cubriéndose las paredes con incrustaciones de piedras, caracolas o corales que formaban figuras fantásticas. Pero además se buscaron efectos que hoy denominaríamos como de luz y sonido, entre los que, por ejemplo, ejercía un papel fundamental un órgano que imitaba el sonido del agua y el gorjeo de una multitud de pájaros. Al fondo de la estancia se dispusieron tres nichos en los que se colocaron, en el central, el grupo escultórico de Girardon que representaba a Apolo servido por las ninfas, y en los laterales los dos grupos de los Tritones abrevando los caballos de Apolo, esculpidos por Guérin y los Marsy. Con todos estos factores y contando además con que la iluminación de las antorchas no produce una luz fija, sino temblorosa que puede propiciar una sensación de misterio, y que el lugar podría regarse y además sería húmedo por el depósito situado sobre él, podría llegar a pensarse por parte de los allí presentes que realmente se habían trasladado a la cueva en que descansaba el dios. Pero como en todo lo de Versalles, aquí también había una fuerte carga simbólica que Santiago Sebastián ha querido relacionar con el rito del lever y del coucher de Luis XIV, que era una especie de liturgia mítica en alusión a la salida y puesta de la luz en el mundo.

La Orangerie era el invernadero, especialmente construido para resguardar los naranjos de los rigores del invierno. Estos árboles, muy del agrado de Luis XIV, se encontraban plantados en grandes macetas y mediante un ingenioso artificio, se trasladaban como objeto de adorno al interior del palacio o al Parque. Pero junto a estos árboles, también acogía en su interior plantas exóticas y otras más corrientes destinadas a poder disponer de flores en todas las épocas con las que adornar caprichosamente ciertos lugares en determinados momentos. Se construyó la Orangerie algo más allá del parterre sur, el llamado Parterre des Fleurs, aprovechando un desnivel del terreno, de forma que a un nivel inferior del parterre se construyó una arquería abierta hacia el sur y por tanto muy abrigada; tras ella y ya bajo tierra, había tres galerías abovedadas donde se guardaban los naranjos. El acceso desde aquel Parterre des Fleurs se hizo primero mediante dos rampas que flanqueaban la arquería; pero en la tercera etapa de la construcción del palacio, la Orangerie fue enormemente agrandada y las rampas transformadas en los llamados Cien Escalones. Junto a éstas hubo en el Parque de Versalles otra construcción de singular importancia, el palacete del Trianon, situado en el extremo norte del Petit Canal y cercano a la aldea de Trianon. Allí Louis Le Vau y François d’Orbay construyeron en 1669 un primer edificio, el Trianon de Porcelana como refugio para cuando Luis XIV y la marquesa de Montespán deseaban escapar del bullicio de la Corte. La obra acabó siendo una curiosa componenda, pues el rey, o mejor aún la marquesa, siguiendo las modas que se estaban imponiendo, deseaba un edificio chinesco, lo que no compaginaba con las ideas de Le Vau que pensaba en un palacete de corte tradicional. El resultado fue un llamativo conjunto en el que, por ejemplo, la entrada estaba formada por un frontón triangular sobre cuatro columnas cuyo aspecto clasicista contrastaba con las fachadas, que si bien presentaban una gran regularidad, estaban recubiertas con azulejos de rico colorido, que así trataban de aparentar un ambiente oriental y exótico. El interior estaba dividido en dos apartamentos y los jardines de alrededor se cuidaron con esmero. Pero con el paso del tiempo y la caída de la Montespán, aquel edificio dejó de agradar y se planteó su sustitución, cosa que se hizo en el año 1687 bajo la dirección de Jules-Hardouin Mansart ayudado por Robert de Cotte, construyéndose el luego llamado Grand Trianon.

El edificio se concibió como un palacete veraniego, por lo cual se hizo con poca altura, para así adaptarlo mejor al terreno y estar más en contacto con la naturaleza. Por otra parte; se edificó siguiendo la tradicional planta en U con un foso, un puente y una verja de hierro en el lado abierto, quedando estructuradas las fachadas mediante arquerías. Pero, sin duda, lo más interesante del edificio es el corps de logis, pues aparte de que está articulado a base de columnas jónicas pareadas, que en la fachada al jardín soportan un dintel, en realidad llega a la culminación en la evolución del palacio barroco francés tendente a la integración del edificio en la naturaleza, pues se dejó abierto, con lo que desde el patio se pasaba al jardín casi sin interrupción, pudiendo así decirse que el edificio se ha disuelto y deja de ser una barrera entre el mundo artificial y el natural. Ahora bien, como así el palacete resultaba insuficiente, se le añadieron dos alas de la misma forma que en Clagny y en Versalles, pero con la salvedad de que al ser un edificio más pequeño pudieron situarse como prolongación del corps de logis. Y aún se edificó otro pequeño pabellón que arrancaba formando ángulo recto con el extremo del ala norte, con lo cual el jardín quedaba más protegido desde el punto de vista climatológico y ambiental.

Louis le Vau también realizara en el palacio el llamado Gran o Petit Trianon, realizado en el año 1670. Se trata de un palacete dentro del mismo para albergar o aposentar a las amantes del rey de Francia. Ello se puede observar en la composición que se realizó, como más feminista con esa piedra rosa y mármol blanco.

versalles

Su entrada se dispone a la manera de pórtico que conduce a un jardín posterior mientras que en los laterales tenemos las estancias o dependencias.

Uno de los edificios más reproducidos y comentados de la arquitectura francesa de mediados del siglo XVIII es, sin duda, el Petit Trianon, construido para Madame de Pompadour por Ange-Jacques Gabriel. La composición cúbica y la presencia del pórtico de columnas en la fachada posterior han hecho que se haya insistido en demasía sobre el carácter palladiano del edificio. Sin embargo, la ausencia del frontón y la balaustrada que lo corona no son paIladianos. Heredero del tradicional pabellón francés, mezcla un ritmo aticista, muy representativo de esta época, con el recuerdo de Palladio visto a través de la óptica inglesa de un Campbell.

El Salón de los Espejos realizado durante los años 1678 al 1684 como un salón de baile y de audiencias privadas por parte de Mansart, en cual realiza la composición en el año 1675 y la decoración va a ser establecida en el salón en el año 1678 bajo la dirección de Chales le Brun.

Se trata del conjunto más representativo del estilo decorativo del reinado de Luis XIV. Se observa la integración de la naturaleza, decoración, arquitectura y luz, la cual entra por los grandes ventanales y se refleja junto al jardín en los espejos de en frente, formando unos efectos sorprendentes y de fantasía.

lamparas versalles

Los materiales no son todos lujosos, pese a la sensación de riqueza decorativa y exuberancia. Además de mármoles. Son importantes los estucos y el cristal, material más barato, pero igualmente efectivo visualmente.

Otro de los salones será el Salón de la Paz (1678- 1684) y el Salón de la Guerra (1678- 1684).

salon de la guerra

En el Salón de la Guerra, Mansart inicio la construcción del Salón de la Guerra a partir de 1678. La decoración, terminada por Le Brun en 1686, exalta las victorias militares que condujeron a la Paz de Nimega. Las paredes están revestidas con paneles de mármol ornados de seis trofeos y de cascadas de armas de bronce dorado. La pared del lado del salón de Apolo muestra un bajorrelieve ovalado de estuco que representa a Luis XIV a caballo, pisoteando a sus enemigos. Esta obra maestra de Coysevoz esta coronada por dos Famas doradas levantadas por dos prisioneros encadenados. Por debajo, en el bajorrelive que disimula la abertura de una falsas chimenea, Clio escribe la historia del Rey para la posteridad. El techo pintado por Le Brun representa en su centro a Francia armada, sentada sobre una nube y rodeada de Victorias. Un retrato de Luis XIV decora su escudo. En el dovelaje de distribuyen sus tres enemigas vencidas: Alemania de rodillas, con un águila, España amenazadora, con un león que ruge, y Holanda recostada sobre un león. La cuarta representa a Belona, diosa de la guerra, enfurecida entre la Rebelión y la Discordia.

Y en el Salón de la Paz, presenta la misma decoración de paneles de mármol y de trofeos de armas de bronces dorados y tallados que el Salón de la Guerra, simétrico al primero. No obstante, Le Brun ornó la cúpula y los dovelajes con los beneficios de la paz que Francia otorgaba a Europa. Desde el final del reinado de Luis XIV, este salón estuvo separado de la galería por un tabique móvil, y se consideraba parte del Gran Aposento de la Reina, del que por consiguiente constituyo la última estancia. Bajo el reinado de Luis XV, allí fue donde María Leszczinska ofreció cada domingo conciertos de música profana o religiosa que desempeñaron un papel importante en la vida musical de Versalles, y donde, bajo el siguiente reinado, María Antonieta organizaba su juego.

La Cámara del Rey, del año 1701, será la estancia más importante del palacio de Versalles, donde Luis XIV traslada sus aposentos al salón, el cual está situado dentro del eje principal del palacio, este- oeste, mirando hacia la salida del sol. Al igual encontramos la Cámara de la Reina, (1689- 1672).

camara del rey

camara de la reina

En 1701, Luis XIV traslada sus aposentos al salón situado en el eje este- oeste del Palacio, mirando hacia la salida del sol. Se cegaron los tres ventanales del fondo, dirigidos a la galería de los Espejos, para dar forma a la alcoba; la balaustrada de madera dorada que separa la alcoba del resto de la estancia fue tallada y Nicolás Coustou realizo una alegoría en estuco de “Francia velando el sueño del Rey” justo encima de la cama. En esta habitación, convertida en el santuario visible de la monarquía, Luis XIV tomaba sus “almuerzos privados” y tenían lugar las ceremonias del “despertar” y el “acostarse” del Rey. Es también en esta habitación donde murió Luis XIV el 1 de septiembre de 1715, después de setenta y dos años de reinado. La fastuosa decoración de la habitación, con brocado de oro y plata sobre fondo carmesí, se complementa con cuadros escogidos por Luis XIV: “Los cuatro evangelistas y el ultimo Cesar”, de Le Valentin y Giovanni Lanfranco; sobre la puerta, “San Juan Bautista”, de Giovanno Battista Caacciolo; “María Magdalena”, de Le Dominiquin; y dos retratos de Antoon Van Dyck. Sobre las dos chimeneas, de la época de Luis XV, se encuentran un busto de Luis XIV de Antoine Coysevox, un reloj –barómetro y cuatro candelabros que habían pertenecido al conde de Provenza, hermano de Luis XVI.

La Cámara de la reina es la estancia principal del aposento, aquella que más utilizaba la reina. Allí dormía, a menudo en compañía del rey. Y en ella recibía, por la mañana, durante y después de su aseo, que constituía un momento de Corte tan reglamentado por la etiqueta como el deber del Rey. Aquí también se llevaban a calo los alumbramientos en público: diecinueve “Hijos de Francia” nacieron en ella. La decoración conserva el recuerdo de las tres reinas que ocuparon la estancia: el compartimentado del techo se remonta a la Reina María Teresa, pero las pinturas en grisalla de Boucher se realizaron para María Leszczinska, al igual que las carpinterías. Todos estos elementos se conservan de la época de María Antonieta para la que solo se renovó el mobiliario y la chimenea.

Durante la invasión del Palacio por los agitadores, el 6 de octubre de 1789, María Antonieta consiguió huir de ellos por la pequeña puerta izquierda de la alcoba que da a un corredor que a su vez desemboca en los gabinetes interiores de la Reina, una docena de pequeñas estancias reservadas a su vida privada y a su servicio. En la Revolución, el Palacio no fue víctima del pillaje, pero sus muebles se dispersaron durante las subastas que duraron un año entero. Algunos pudieron recuperarse, como un joyero que se encuentra a la izquierda de la cama, o la pantalla de chimenea. Otros se sustituyeron por piezas equivalentes: este es el caso de los asientos entregados en parte para la Condesa de Provenza, la cuñada de la Reina, y en parte para la visita del Rey de Suecia, Gustavo III. En cuanto a las telas que cuelgan de la cama y de las paredes, se volvieron a tejer en Lyon, a partir de los patrones originales conservados. La cama y la balaustrada se reesculpieron a partir de documentos antiguos.

Otras de las dependencias más importantes serán las Caballerizas, realizadas desde los años 1685 hasta 1689.

caballerizas versalles

Y la Capilla Real, del año 1710 realizada por Mansart en el ala norte del Palacio, a doble altura, estando la tribuna real en el piso principal, desde donde el rey y su familia atendían a misa.

En las últimas décadas del siglo XVII se hicieron importantes obras que completaron el palacio de Versalles, mereciendo entre ellas una especial mención la Capilla. Anteriormente hubo varias capillas, todas ellas con un carácter más o menos provisional, hasta que en 1689 Jules- Hardouin Mansart recibió el encargo de construir una que había de ser la definitiva. Emprendidas las obras, sufrieron varios parones a consecuencia de las guerras, hasta que se concluyeron en 1703, finalizando la labor decorativa en 1710.

capilla versalles

Su ubicación fue en la nueva ala norte como una edificación hasta cierto punto independiente. Exteriormente, presenta un esquema diferente al del resto del palacio, acercándose en buena medida a la estética gótica, lo cual está en relación con su condición de capilla palatina que la aferraba a la tradición; anteriormente ya había ocurrido lo mismo en palacios como los de Chenonceau o Saint-Germain-en-Laye. Al contrario, en el interior la decoración se acerca al gusto versallesco, pero la estructura está ligada también a la condición de etiqueta de la Corte, de forma que se compone de dos plantas en torno a un espacio central único con lo que se forman tres naves, quedando dispuesto el trono real a los pies del piso alto y directamente frente al altar, correspondiendo la ubicación de los distintos miembros de la Corte de acuerdo a un estricto protocolo.

En el aspecto de los elementos estructurales, la planta baja se divide en naves mediante arquerías que cargan sobre fuertes pilares cuadrados, y el piso alto asoma al espacio central con columnas corintias que sostienen un dintel en el que carga la bóveda de lunetos que cierra la capilla.