Los mercenarios Lansquenetes.

“Tomamos Roma al asalto, pasamos a espada a más de 6.000 hombres, tomamos todo lo que encontramos en las iglesias…y quemamos parte de la ciudad, arrasando y destruyéndolo todo” Paul Dolstein.

Los primeros cuerpos de lansquenetes surgieron en 1486, en una época de importantes cambios bélicos en el continente europeo. La disgregación del orden social medieval supuso  para los soberanos una mayor dependencia de las tropas mercenarias, en lugar de tener sus propios soldados obligados por el vasallaje. En Francia y Borgoña se dio a los mercenarios empleo fijo para formar ejércitos regulares.

En las batallas de Murten y Nancy, en 1476-1477, la infantería suiza, armada con largas picas, logró célebres victorias al atacar al enemigo formando densas falanges. Al carecer tanto de un ejército regular como de piqueros, el emperador del Sacro Imperio Maximiliano I se sintió amenazado por aquellas novedades tecnológicas, y como respuesta financió la formación de las bandas lansquenetes (del alemán Landsknecht, que significa “servidor del país”); sería una infantería a sueldo, como en el caso de los mercenarios, pero dispuesta a combatir por el emperador cuando éste se lo ordenara.

 

Los soldados que formaban y dirigían las compañías mercenarias tenían que ser tan buenos líderes militares como empresarios. El capitán mercenario acordaba con el emperador suministrarle un cierto número de soldados y recibir el pago por sus servicios, confiando en poder obtener sustanciosas ganancias.  Los lansquenetes se reclutaban principalmente en las áreas de habla alemana del centro y norte de Europa, como podían ser Renania, Suabia y Alsacia, pero podían obtener de otros lugares, pues hubo voluntarios de países tan apartados como Escocia. El reclamo más inmediato era el sueldo, 4 florines al mes, un sueldo razonable para la época, de lo más tentador para aquel que este pasando una mala racha.

El candidato a recluta debía de presentarse equipado, como mínimo, con una pica de entre 5 y 6 metros. Considerando que dicha arma se podía comprar por un florín, la mayoría no encontraban mayor problema para satisfacer tal requisito. Aquellos que disponían de más medios podían traer su espada, armadura o incluso arcabuz. Los candidatos debían de someterse a una pequeña prueba física, saltando un obstáculo armado con picas o alabardas. Superando tal prueba se le concedía apto y se le inscribía en la lista.

Los soldados más valiosos recibían paga doble, de ahí que se les llamará Doppelsöldner que significa “doble sueldo”, y formaban aparte en el campo de batalla para atacar con mandoble o alabarda. Los lansquenetes formaban también las unidades Blutfahnen (“bandera de sangre”), que realizaban ataques casi suicidas sobre posiciones enemigas especialmente bien defendidas. Los arcabuceros no requerían mucho entrenamiento, pues una de las ventajas era que casi cualquiera podía aprender a usar armas de fuego. Por el contrario, el manejo de la pica o de la alabarda requería una fuerza considerable.

 

“Hacía tanto calor que los hombres con armadura casi se asfixiaban…y cuando uno trataba de socorrer a otro soltándole la armadura, el metal le quemaba los dedos.” Niklaus Guldi, sobre la expedición de Túnez, 1535.

No está claro cuál fue el origen exacto de la ostentosa indumentaria de lansquenetes: parece haberse basado en la de sus mayores rivales, los confederados suizos, sólo que muy exagerada. Además los sombreros planos de la ala ancha coronados con grandes plumas y jubones con mangas abombada, los lansquenetes llevaban calzas de colores distintos en cada pierna, y tenían la costumbre de hacerse cortes en el jubón para mostrar la camisa que llevaban debajo. Este estilo, expresión de arrogancia e inconformismo, tuvo una gran influencia en la moda renacentista. Que los lansquenetes fueran más violentos e impíos que la media de los combatientes de su tiempo no es algo fácil de determinar. Eran, desde luego, muy aficionados a la bebida y al juego. Se sabe que muchos murieron peleando con sus camaradas y no ante el enemigo.

El caso más infame fue el saqueo de Roma en 1527, cuando los lansquenetes del ejército del emperador Carlos V se amotinaron  por dicha causa y se lanzaron al pillaje sin freno con la pretensión de compensar lo que se les debía. Junto con otras tropas imperiales (unos 35.000 hombres en total), asaltaron y arrasaron la ciudad sembrando el terror durante nueve meses, y se negaron a abandonarla hasta haber cobrado los atrasos que se les debían.

Como fuerza de combate, los lansquenetes tuvieron su apogeo a principios del s. XVI. A partir de 1508, liderados por el alemán Georg von Frundsberg, los lansquenetes del emperador Maximiliano I se organizaron en un regimiento de más de 10.000 hombres que se distinguió por sus campañas en Italia. En estas campañas italianas hubo también lansquenetes combatiendo en el otro bando. Oficialmente, los lansquenetes tenían prohibido luchar al servicio de los enemigos del emperador, pero si la paga imperial les parecía insuficiente o poco segura, las compañías buscaban otro amo.

En 1515, el rey de Francia Francisco I encabezó un ejército de lansquenetes pagados a sueldo y cruzó los Alpes para disputar a los suizos el control de Milán. En Marengo, entre el 13 y el 14 de Septiembre, los confiados piqueros suizos, considerados la mejor infantería de Europa, se lanzaron al ataque sobre las líneas francesas. Los lansquenetes resistieron la carga suiza, y las dos fuerzas de piqueros chocaron entre sí. Tras unas 28 horas de carnicería intermitente, la batalla concluyó con la victoria de los franceses. La derrota de los suizos en Marengo convirtió a los lansquenetes en combatientes altamente codiciados.

Tras enfrentarse las tropas de Francisco I y las del emperador alemán Carlos V con lansquenetes en ambos lados del campo de batalla se pudo demostrar lo fieros que eran este cuerpo mercenario, pero con el paso del tiempo y tras esta batalla los lansquenetes jamás volvieron a combatir con tal entrega. Fueron contratados por muchos pero no se les tenía ni el miedo ni el respeto que alcanzaron en el pasado y terminaron sus días como formación militar a sueldo. Los lansquenetes pasaron a la historia como arquetipo del mercenario renacentista.

 

Saludos de MR. Democracia.

 

 

 

 

 

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