Cneo Pompeyo Magno

Cneo Pompeyo Magno o el Grande nació en Roma el 29 de septiembre del año 106 a.C – Pelusio, Egipto, 48 a. C. Perteneciente a la gens plebeya de los Pompeyos, su padre, Cneo Pompeyo Estrabón ascendió por el tradicional Cursus Honorum, convirtiéndose en cuestor en 104 a.C. pretor en 92 a.C. y cónsul en el 89 a.C., y adquirió una reputación por su avaricia, su duplicidad política y carácter despiadado en lo militar. Murió en 87 a.C. bien alcanzado por un rayo, o como una baja de una plaga pandémica, o posiblemente ambos, durante la Guerra Civil entre Mario y Sila. En el relato de Plutarco cuenta que su cuerpo fue arrastrado desde su ataúd por la muchedumbre. Su hijo de diecinueve años, Cneo Pompeyo, heredó su patrimonio y aparentemente, la lealtad de sus legiones.

Busto de Pompeyo Magno

Sila, entonces el dictador de Roma, ordenó a Pompeyo que se divorciara de su esposa Antistia y se casara con Emilia Escaura, la joven hijastra de Sila, que estaba embarazada de su primer marido (Sila les obligó a divorciarse porque el esposo lo había criticado). Esto le unió al joven aliado más estrechamente y lanzó la carrera de Pompeyo. Después de casarse con Pompeyo, no obstante, Emilia falleció en un parto.

Durante las guerras civiles de Roma, formó un ejército propio, que puso al servicio de Lucio Cornelio Sila, derrotando a los partidarios de Cayo Mario y Lucio Cornelio Cinna en Sicilia y en África en el año 83 a.C. y cuando el partido popular pareció revivir bajo la dirección de Marco Emilio Lépido, Pompeyo se encargó de derrotarlo en Etruria 77 a.C. A su regreso a Roma, se le dio el título de Magno. Desde muy joven se le dió el sobrenombre de “adulescens carnifex” (adolescente carnicero).

Quinto Sertorio, popular, colaborador de Mario. Controla una parte de la península ibérica con su ejército firma un Senado paralelo y forma a los indígenas, intentando crear una copia exacta a la república romana en Hispania, recreando un senado con las mismas normas romanas en Osca (Huesca).

Roma, decidida a reconquistar Hispania, creó un ejército especial y pidió a los cónsules que se hiciesen cargo, pero se negaron a emprender esa campaña. El deseo de Pompeyo de lograr la gloria militar y su desconsideración hacia una carrera política convencional continuó cuando, después de reprimir la revuelta de Lépido, exigió el imperium proconsular para ir a Hispania a luchar contra Quinto Sertorio. La aristocracia, sin embargo, comenzaba entonces a temer al joven y exitoso general, y se mostró renuente a proporcionarle la autoridad necesaria. Pompeyo respondió rechazando licenciar sus legiones hasta que se le concediera su petición. Sin embargo, en Hispania, Sertorio se había opuesto durante tres años con éxito a Quinto Cecilio Metelo Pío, uno de los más capaces generales de Sila, y al final se hizo necesario enviarle alguna ayuda efectiva. Como resultado, el Senado, con considerable falta de entusiasmo, decidió enviar a Pompeyo a Hispania contra Sertorio (82-72 a.C.), con el rango de procónsul, y con poderes idénticos a los de Metelo. Pompeyo vence a Sertorio y firmó pacto con los indigenas en el año 72 a.C.

Imagen de Pompeyo en la serie Rome.

Mientras Pompeyo se ocupaba de Quinto Sertorio, en Capua comenzó La Guerra Servil (73-71 a.C). Donde se produjo la rebelión de Espartaco y otros gladiadores, unos 120.000 en total, se extienden por toda la mitad sur de Italia. Cuando Pompeyo regresó a Italia en el año 71 a.C, desembarcó en Regio, con su ejército. En su marcha hacia Roma se encontró con los restos del ejército de Espartaco, y capturó a unos seis mil rebeldes que habían quedado aislados. Pompeyo despedazó a estos fugitivos, y pretendió que, además de sus otras hazañas, a él le correspondía la gloria de acabar con la revuelta, dejando un total de 6.000 crucificados en la Via Apia. En un acto de prepotencia, Pompeyo escribió al Senado diciendo que aunque era Craso quién había vencido a Espartaco, él era quien había extirpado el mal de raíz, terminando la guerra y reclamando buena parte del mérito.

Representación de la Via Apia con los crucificados.

Debido a su gran protagonsimo con sólo 35 años de edad, Pompeyo fue elegido cónsul por primera vez, desempeñando el cargo junto con Marco Licinio Craso en el año 70 a.C.

Luego recibió plenos poderes para limpiar de piratas el Mediterráneo en el 67 a.C. En tres breves meses, las fuerzas de Pompeyo habían barrido a los piratas del Mediterráneo, mostrando extraordinaria precisión, disciplina y capacidad organizativa. Cicerón nos lo cuenta así:

“Pompeyo hizo sus preparativos para la guerra al final del invierno, se puso a ello a principios de la primavera y lo acabó a mediados del verano.”

La rapidez de la campaña mostró que él era también un general con talento tanto en el mar como en la tierra, con fuertes habilidades logísticas. Pompeyo fue saludado como el primer hombre de Roma, Primus inter pares (el primero entre iguales).

Entre los años 66 al 62 a.C. vence a Mitrídates, a Tigranes, rey de Armenia, y a Antíoco XIII, cuyo reino, Siria, anexionó a los dominios romanos. También dominó a los judíos y capturó Jerusalén.

En el apogeo de su gloria, Pompeyo regresó a Roma. Su tercera entrada triunfal se celebró el 29 de septiembre del año 61 a.C. en su 45 cumpleaños, celebrando las victorias sobre los piratas y en el Este. Esto fue un acontecimiento inolvidable en Roma: se programaron dos días enteros para el enorme desfile de despojos, prisioneros, el ejército y estandartes mostrado escenas de batalla para completar la ruta entre el Campo de Marte y el templo de Júpiter Óptimo Máximo. Para concluir las festividades, Pompeyo ofreció un gran banquete triunfal e hizó diversas donaciones al pueblo de Roma, aumentando aún más su popularidad.

Monedas con iconografía de Pompeyo Magno

Quiso que el Senado ratificara su actuación en Asia y que se concedieran tierras a los veteranos de su ejército, sin embargo el Senado no aceptó sus deseos y Pompeyo se volvió entonces contra el partido aristocrático. Formó una alianza con Marco Licinio Craso, el viejo partidario de Sila y ahora hombre más rico de Roma y líder de los equites, y con Cayo Julio César, sobrino de Cayo Mario y líder de los populares. Para el año 61 a.C. estos tres hombres agraviados se aliaron en lo que se llamó más tarde el Primer Triunvirato.

           Craso                            Pompeyo Magno                   Cayo Julio César

Para asegurar la alianza con César la hija de César, Julia, se casó con Pompeyo; al año siguiente César salió para la Galia, donde estuvó nueve años conquistando la región, mientras que Pompeyo permaneció en Roma. Renovó el triunvirato en el 56 a.C. y obtuvo el mando de Hispania donde pudo así realizar su proyecto de repartir tierras a los veteranos licenciados del ejército, contando con siete legiones para administrarla desde Roma. En el 54 a.C. Julia murió y un año después Craso moría en Carres luchando contra los partos y estando César ocupado en la conquista de las Galias, el Senado nombró a Pompeyo cónsul único para restablecer el orden en la ciudad contra los motines de los mercenarios en el 52 a.C.

También obtuvo el apoyo del partido aristocrático, cuyos miembros anhelaban reprimir las ambiciones de César y destituirlo de su mando. César, tras conquistar toda la Galia y vencer a Vercingetorix, el Senado le exigió que renunciara a sus poderes proconsulares, que entregara sus legiones y volviera a Roma. César puso como condición la retirada de Pompeyo, a lo que éste se negó. Entonces el Senado declaró a Julio César enemigo público.

Rendición de Vercingetorix frente a Julio César.
Pompeyo afirmó que podía derrotar a César y alzar ejércitos simplemente pateando el suelo de Italia. César reaccionó cruzando el Rubicón en el 49 a.C. con la XIII Legión, dispuesto a hacerse con el poder y avanzó por Italia sin encontrar oposición. En ese momento se inició la Guerra Civil. Pompeyo, ante la rapidez de los cesarianos y el apoyo que recibían, reaccionó ordenando evacuar Roma, acompañado por su ejército y el Senado. En el proceso, ni Pompeyo ni el Senado se acordaron de llevar el vasto tesoro con ellos, creyendo probablemente que César no se atrevería a cogerlo él mismo. Fue abandonado convenientemente en el Templo de Saturno cuando César y sus fuerzas entraron en Roma.

Pompeyo vive el drama de muchos gloriosos coetáneos, para su desgracia, de una figura genial. Pompeyo Magno hubiera sido indiscutible en cualquier momento de la historia de Roma, su talento militar, su habilidad política. Se vio la cara, sin embargo, con Julio César, lider fascinante, único, terminó por superarlo. Ambos generales se retaron a lo largo del territorio de Roma, en Hispania, en Grecia, donde mantuvieron en alerta a todo el Mediterraneo.

Aunque dudó si marchar hacia Hispania, donde tenía muchos partidarios tras la victoria contra Sertorio, finalmente prefirió retirarse hacia el puerto de Brundisium, y marchar a Oriente, donde pretendía encontrar fuerzas renovadas para hacer la guerra contra César en el Este, donde Pompeyo contaba con numerosos veteranos y reyes adictos.

César le sitió en Brundisium, Pompeyo logró retirarse con su ejército sin apenas bajas. Desembarcó en Dirraquio, un excelente puerto. Desde allí, acumuló provisiones y reunió un inmenso ejército. César derrotó a los partidarios de Pompeyo en Hispania en la Batalla de Ilerda del 2 de agosto del año 49 a.C, pero no en África, donde los pompeyanos contaban con la alianza del rey Juba I de Numidia.

Pompeyo cruzó a Epiro, durante la campaña hispana de César, donde reunió una gran fuerza en Macedonia, comprensiva de nueve legiones reforzadas por contingentes de los aliados romanos en el Este. Su flota, reclutada por las ciudades marítimas en el Este, controlaba el Adriático. César consiguió desembarcar en noviembre de 49 a.C y procedió a capturar Apolonia. Pompeyo consiguió llegar a tiempo para salvar Dirraquio, frente a cuyos muros se libró el primer combate entre César y Pompeyo, terminando con una pequeña victoria para el segundo y la huida de César, que había perdido mil hombres. Aun así Pompeyo, no persiguió a su enemigo en el momento crítico de su derrota y desperdició la oportunidad de destruir el ejército de César, mucho más pequeño.

Como dijo el propio César, según Plutarco: «Hoy el enemigo habría ganado, si hubiera tenido un comandante que fuese un ganador». Según Suetonio, fue en este momento cuando César dijo que «ese hombre no sabe cómo ganar una guerra».

Los senadores, envalentonados por la victoria de Dirraquio, presionaron a Pompeyo para que aceptara enfrentarse a César en una batalla campal. El combate se produjo pero pese a su mator número de soldados fue derrotado finalmente el 9 de agosto del año 48a.C. en la Batalla de Farsalia en el centro de Grecia, donde  lo sorprendió con una táctica inteligente, puso en fuga a su caballería, sembró el desánimo, la muerte y su derrota. Pompeyo consiguió huir y se se convierte en un fugitivo, donde navega hasta Mitilene, en el Egeo, para recoger a su esposa e hijo, marcha sin rumbo determinado. Sus cercanos debaten sobre qué destino elegir, donde solicitar cobijo, hasta ponerse en condiciones de retornar a la batalla. Se sugiere al rey Juba de Mauritania, en el Norte de África, Finalmente, se decide probar suerte en Egipto, donde gobierna, al menos nominalmente, Ptolomeo XIV, hermano de la famosa Cleopatra, con la cual en aquel tiempo mantenía una disputa por el trono. Lejos quedaba el Egipto de los faraones, aquel era un país helenizado, decadente, sometido por la potencia emergente. La autoridad del crío Ptolomeo es ejercida por sus consejeros, el eunuco Potino, el egipcio Aquilas, un maestro de retórica a sueldo, Teodoto de Quíos. Es esté quien, en un ejercicio de oratoria, sostiene que la mejor opción es asesinar a Pompeyo, puesto que  de no recibirlo, levantarían su cólera si, en el futuro, lograba rehacerse, y, de aceptarlo, serían objetivo de las legiones de Julio César.

Finalmente Pompeyo se dirige a Egipto para refugiarse allí. Cuando Pompeyo acompañado de su esposa, Cornelia, uno de sus hijos, Sexto Pompeyo, su fiel liberto, Filipo y algunos esclavos y soldados veteranos, desembarcó en Pelusio y allí fue traicionado y asesinado por el tribuno Lucio Septimio el 28 de septiembre del año 48 a.C. un sicario de Ptolomeo, para obtener las simpatías de César.

Plutarco nos describe los últimos momentos de éste: Pompeyo aguarda, la nave balanceándose con el trémulos ondular de las aguas. Ha enviado su mensaje y no recibe respuesta, cuando, en la lejanía, una barca se aproxima. En ella marcha Aquilas, un centurión, varios soldados, y también, Septimio, un romano, antiguo compañero de armas de Pompeyo. El hombre teme lo peor cuando ve llegar a la comitiva, comprueba que no hay una recepción de gala, ni boato, ni lujo, ninguna de las beldades con las que acostumbraba a ser recibido. Embarca con los recién llegados con un gesto fúnebre, se dice, pronuncia unas palabras de Sófocles: “Quienquiera que se encamina ante un tirano, es su esclavo, aunque haya llegado libre”. Con él, sube Filipo, el liberto, el bote se aleja hacia la orilla. Allí, parece haber mayor ajetreo, hay notables, altos cargos, asemeja a una buena acogida, Cornelia observa, esperanzada, quizá los temores hayan sido infundados. En la embarcación, a Pompeyo lo rodea un ambiente frío, indiferente, no recibe palabra alguna: “¿No me equivoco en que tú has sido en otro tiempo mi compañero de armas?”, sostiene Plutarco que pronuncia, dirigiendose a Septimio, que asiente con la cabeza. Pompeyo no pierde su pose, se mantiene digno, lleva un discurso en griego, escrito por él mismo, entre sus manos, pretende leerlo a Ptolomeo. Cuando, cerca de la tierra, coge la mano de Filipo, que quiere ayudarlo a desembarcar, Septimio lo apuñala por la espalda, lo siguen el resto, Pompeyo se cubre el rostro con la toga, el cuerpo ensangrentado, soporta las acometidas, muere en silencio, sin una sola frase de súplica.

Los egipcios cortarona la cabeza a Pompeyo y abandonaron luego su cuerpo en la orilla. Filipo lo recuperó, incinerándolo en una vieja barca. Cuando Julio César llegó a Egipto, se le entregó su sello en signo de amistad y la cabeza como trofeo. César lloró entonces, desconsolado, se vio tomado por la ira, ordenó degollar a los responsables haciendo matar tanto a Aquilas como a Potino. La cabeza fue enterrada en el Nemeseión, un templo dedicado a Némesis y construido por Julio César para honrar a Pompeyo. Así, por obra de su más encarnizado enemigo, fue vengado Cneo Pompeyo Magno, El Grande.

Representación de la llegada de Julio César y la entrega de la cabeza de Pompeyo

Video sobre Pompeyo:

https://youtu.be/l-ZiaAZl67w

Un saludo, Señor República.

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