El Fuego Griego, el secreto mejor guardado.

En toda la historia de la humanidad ningún arma fue tan misteriosa y trajo tantas victorias a sus poseedores como la conocida por el famoso nombre de “Fuego Griego”. Gracias a esta poderosa arma, la gran muralla bizantina y sus grandes estrategias defensivas, hicieron posible que el Imperio bizantino (Imperio Romano de Oriente) aguantara cerca de mil años (hasta 1453, caída de Constantinopla por los Turcos), a diferencia del Imperio Romano de Occidente, que fue invadido muy pronto por las hordas bárbaras.

El fuego griego era un arma incendiaria utilizada por el  Imperio bizantino. Fue creada en el  siglo VI, aunque su mayor uso y difusión se daría tras las primeras cruzadas (siglo XIII). Los bizantinos la empleaban con frecuencia en las batallas navales, ya que era sumamente eficaz al continuar ardiendo incluso después de haber caído al agua y era extremadamente difícil de apagar. La misma representaba una ventaja tecnológica, y fue responsable de varias importantes victorias militares bizantinas.

El fuego griego fue una sorpresa táctica decisiva en los dos grandes asedios árabes de Constantinopla de 674-678 y 717-718. Estos dos asedios, donde el fuego griego fue esencial, determinaron la historia universal. De haber triunfado los árabes, la Europa tribal del siglo VII no habría podido resistir y sería el Islam la civilización hegemónica en nuestros días, con lo cual, esta victoria aseguró la continuidad del Imperio, constituyendo así un freno a las intenciones expansionistas del Islam, y evitando la posible conquista de la Europa Occidental desde el Este. La impresión que el fuego griego produjo en los cruzados fue de tal magnitud que el nombre pasó a ser utilizado para todo tipo de arma incendiaria, incluidas las usadas por los árabes, chinos y mongoles. Sin embargo, eran fórmulas distintas de la bizantina, que era un secreto de Estado guardado de forma celosa, cuya composición se ha extraviado. Por lo tanto, sus ingredientes son motivo de gran debate. Se han propuesto algunos de los siguientes ingredientes nafta, cal viva y nitrato.

La invención de esta mezcla se le atribuye a un ingeniero militar cristiano llamado Callínico de Heliópolis en el año 650, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe. Se cree que Callínico recibió el secreto del fuego griego de los alquimistas de Alejandría, destacando al alquimista Esteban de Alejandría, uno de los mayores alquimistas, ópticos y astrónomos de la antigüedad, que se trasladó en el año 616 a Constantinopla.

Callínico al mostrar a la junta de generales la capacidad de su descubrimiento, éstos decidieron guardarla bajo el mayor de los secretos, asesinando a cualquiera que conociera su composición y limitando la elaboración a un selecto grupo de alquimistas de confianza que trabajaban bajo estricto control del Imperio. El motivo por el que se desconoce su composición es muy simple: la marina bizantina de la Alta Edad Media era la dueña del Mediterráneo Oriental, y en la posesión del fuego griego estaba una de las claves de su superioridad, de manera que esta arma se consideraba secreta.El secreto se mantuvo tan bien que a día de hoy, nadie sabe de qué estaba compuesto.

La composición y fabricación de esta arma se mantenía en tal grado de secreto, que sólo un grupo de personas sabía su formula. Si alguno de los alquimistas que la sabían decidían retirarse o, de algun modo, abandonar el imperio, eran ejecutados para que no pudieran revelar el secreto.

Fuera de la guerra marítima, y pasada la sorpresa inicial, su importancia y efecto fue muy utilizada por los bizantinos, pero fue cayendo poco a poco en decadencia, ya que en la antigüedad, griegos y romanos usaron líquidos inflamables parecidos, pero sin el poder del arma de Callínico. Más tarde árabes y cruzados intentaron copiarlo y solo consiguieron compuestos de peor calidad, y sin los devastadores efectos del fuego griego.

Aprovechando estas cualidades del fuego griego, los barcos de la flota imperial de Constantinopla, llamados dromón, lo incorporaron como un arma de ataque. En realidad estos barcos, eran buques de guerra muy sofisticados, que disponían de tres velas que le daban gran velocidad y podrían llevar hasta 200 hombres a bordo. Como auténticas máquinas de guerra, podían lanzar proyectiles de hierro a gran distancia y mediante un artilugio hidráulico, parecido a una menguera y que es considerado como el primer lanzallamas, podían disparar el fuego griego sobre la proa de los barcos enemigos.

Por otra parte, los marineros disponían de recipientes de cerámica relleno de fuego griego que, a modo de granadas de mano, lanzaban sobre las naves enemigas.

Granadas de arcilla.

Si bien el término “fuego griego” posee un uso general desde las cruzadas, en las fuentes bizantinas originales recibe diversos nombres, tales como “fuego marino”, “fuego romano”, “fuego de guerra” o “fuego líquido”.

El poder del arma venía no sólo del hecho de que ardía en contacto con el agua, sino de que incluso ardía debajo de ella. En las batallas navales era por ello un arma de gran eficacia, causando grandes destrozos materiales y personales, y extendiendo, además, el pánico entre el enemigo: al miedo a morir ardiendo se unía, además, el temor supersticioso que esta arma infundía a muchos soldados, ya que creían que una llama que se volvía aún más intensa en el agua tenía que ser producto de la brujería.

Se ha escrito mucha literatura sobre el fuego griego, entre ellas la obra más destacada es Juego de Tronos, donde aparece llamada como Fuego Valyrio.

Se sabe que la mezcla, que era líquida, incluía nafta, azufre y probablemente amoníaco. Sin embargo, también se han propuesto otras sustancias como la cal viva o el nitrato.

Hoy en día, para apagar un incendio provocado por líquidos inflamables como la nafta, se utilizarían espumas y polvo químico pero, un árabe que quiere la conquista de Constantinopla por segunda vez ¿Qué precauciones debe tomar?

El fuego ardía con más fuerza al intentar apagarlo con agua, solo podía ser apagado con orina, esteras de esparto o con vinagre.

El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando probablemente se perdió para siempre durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla durante la cuarta cruzada. El Imperio bizantino siguió usando un arma menos poderosa, posiblemente la imitación árabe de mucha peor calidad.

Ocho siglos después, su fórmula podría conservarse en el interior de varios recipientes de cerámica con fuego griego, que se encontraron en un barco hundido frente a las costas de la Provenza francesa, aunque los resultados de este estudio todavía no han sido publicados.

http://dai.ly/x1ursnu

Saludos, Señor República.

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